Superada la inevitable turbulencia del año electoral y violín en bolsa con la sanción parlamentaria del presupuesto, el gobierno nacional pudo encarar con el pie derecho el arranque de 2026. En diciembre logró la aprobación parlamentaria del presupuesto y verificó la existencia de un escenario amigable en el Parlamento para avanzar con reformas, por la extrema debilidad del kirchnerismo y la atomización generalizada de la oposición, con gobernadores dispuestos a negociar arreglos.
La primera prueba de fuego será en el Senado, donde el oficialismo ya mostró un salto de calidad al sumar la figura de Patricia Bullrich. El proyecto de reforma laboral tiene como enemigo natural a la CGT, pero en la central fabril prevalece una posición negociadora, más allá de que muestre los dientes algún gremio díscolo como la UOM, que renueva sus autoridades en marzo próximo. El sindicalismo resiste sobre todo a la limitación de huelga en actividades esenciales, “cuotas solidarias” compulsivas, ultraactividad de viejos contratos y la creación de un fondo para indemnizaciones de desempleo, mientras que los gobernadores pusieron el ojo en un tema no estrictamente laboral: la reducción del impuesto a las ganancias para sociedades, que se coparticipa.
Salvo la ley de glaciares -que impacta en la minería- y el acuerdo comercial del Mercosur con la Unión Europea que también fue a extraordinarias, el resto de los proyectos clave, como reforma tributaria y código penal, quedarán para el período ordinario de sesiones.
En el escenario internacional nadie gana para sustos. La creciente tensión entre EE.UU. y la Unión Europea por el estatus de Groenlandia mete ruido a una situación financiera que arrancó el año mejor que lo esperado. Tal como se lo demandaban el FMI y el mercado en general, el Banco Central se puso a acumular reservas y pudo hacerlo con el plus de baja en la cotización del dólar. La consolidación de reservas es clave para ganar confianza, que baje el riesgo país y dejar de mendigar financiamiento si se habilita la colocación de nuevos títulos para renovar vencimientos de deuda.
La contrapartida fue una suba de tasas de interés que estimula el carry trade en pesos y desestimula la actividad productiva, un costado flaco del período Milei, en tanto que afecta especialmente a los centros urbanos fabriles, con las consecuentes pérdidas de puestos de trabajo y crisis empresarias. ¿Alcanzará la reforma laboral para revertir este cuadro de situación? Este interrogante tiene pronóstico reservado.
Arrancó mejor que lo
esperado, pero con pronóstico reservado
Por GABRIEL GONZÁLEZ
Director de Punto biz
Con Bullrich como bastonera, el gobierno va por la reforma laboral en el Senado.
NOTA DEL EDITOR