El campo debate los nuevos rumbos Junio 2025 (M) | Page 37

Aunque se espera que ganen escala en la próxima década, los productos biológicos que vienen siendo tendencia global en el campo a fuerza de innovación tecnológica en sus formulaciones, siguen siendo pasibles de límites que no consiguen trasponer. Es que, al margen de que en materia regulatoria Europa marca el rumbo desalentando cada vez más el uso de soluciones químicas, la incidencia de las recetas biológicas para el control de patógenos y otras afectaciones en los cultivos no consiguen desplegarse en un mercado que todavía es minúsculo en comparación con el juego que ofrecen las soluciones químicas. La diferencia de penetración de unos y otros se replica en todos los países con desarrollo agropecuario, pero incluso es más marcada en Argentina.

En 2024, las ventas de insumos biológicos en Argentina alcanzaron unos u$s124,4 M, lo que representa un crecimiento interanual del 10,9% respecto a 2023. El año anterior se había estimado un mercado de u$s117,2 M en bioinsumos. Este ritmo indica la consolidación del sector, aunque en escala absoluta sigue siendo pequeño frente al mercado total de fitosanitarios. Para marcar el contexto, en 2022 el mercado argentino de soluciones de síntesis química llegó a u$s4.569 M, reduciéndose a u$s4.321 M en 2023 -un año afectado por sequía-, lo que ubica la proporción de bioinsumos en apenas una fracción de ese total.

Partiendo de esa base, se advierte un ascenso aunque a un paso más bien cansino. “La agricultura viene atravesando una transformación muy importante, en parte por las resistencias crecientes a ciertos principios activos químicos, pero también por las exigencias del mercado internacional en términos de sustentabilidad”, señaló a Punto biz el ingeniero agrónomo Juan Manuel Medina, docente en la cátedra de Economía Agraria en la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y gerente en CampoLimpio, entidad que trabaja muy fuerte en el tratamiento ambiental a la hora de la disposición final de recipientes de fitosanitarios.

Según explicó, el avance de los bioinsumos responde en gran medida a una tracción externa: son los consumidores –sobre todo europeos– quienes empujan esta agenda y condicionan a los productores a adoptar tecnologías más limpias. Aun así, los bioinsumos apenas representan hoy entre un 5% y 8% del mercado global, aunque se espera que alcancen el 15% en los próximos diez años.

El ingeniero agrónomo Adrián Mitidieri, titular de Agro Desarrollos -empresa que se dedica a la investigación y desarrollo de ensayos vinculados a las soluciones biológicas-, traza una línea histórica para explicar esta brecha: “Durante la era productivista, los productos químicos coparon el desarrollo agrícola por eficacia, baja regulación y alto margen. En cambio, los biológicos eran difíciles de producir, inestables y casi imposibles de patentar. Eso los dejó sin empuje empresarial”. Hoy, sin embargo, el escenario cambió. “El desarrollo de bioestimulantes y biocontroladores mejoró muchísimo -celebra-. Las fermentaciones son más eficientes, los metabolitos más potentes y se logró estabilidad incluso en ambientes extremos, como el norte argentino”.

Pese a esos avances técnicos, el biológico aún no logra reemplazar al químico en muchas áreas. “No es cierto que no vengan a competir –señala Mitidieri–. Si uno encuentra un biológico igual de eficaz y con el mismo costo, sí reemplaza al químico. Pero ese equilibrio todavía no es generalizable”.

Los desafíos técnicos

y logísticos

Uno de los puntos críticos señalados por Medina es la inestabilidad del producto en la cadena logística. “Al trabajar con microorganismos vivos, la exposición al calor, el traslado y el almacenamiento pueden degradar el producto, y eso encarece la operación”, explica.

Mitidieri reconoce que en el pasado eso era un problema estructural, pero afirma que la tecnología actual permitió grandes avances: “Hoy hay tricodermas que responden a altas temperaturas, mezclas de bacterias Bradyrhizobium con pseudomonas, productos para tratamiento de semillas que antes no existían”.

Los usos más difundidos hoy se concentran en tratamientos de semillas y en cultivos de alta regulación -frutas, hortalizas, vitivinicultura- donde el químico directamente está restringido. “Ahí no hay margen: si no usás biológicos, no exportás”, sentencia Mitidieri. Sin embargo, admite que aún hay enfermedades y plagas donde la eficacia del químico sigue siendo superior, como en los casos de fitóftora, tizón en trigo o lepidópteros en soja.

En este sentido, ambos interlocutores coinciden en que el modelo futuro es de coexistencia: “No se trata de eliminar lo químico, sino de generar estrategias complementarias, con aplicaciones combinadas o de rotación, que minimicen resistencias y reduzcan el impacto ambiental”, explica Medina.

¿Por qué no crece

más rápido?

Mitidieri señala que, si bien el crecimiento de los bioinsumos es sostenido, debería ser más acelerado. “No sé si es una cuestión de rentabilidad para las empresas o de conservadurismo del sistema. Lo cierto es que en tratamientos de semillas hay opciones biológicas superiores y aun así no se adoptan masivamente”, reflexiona.

También identifica como limitante estructural la situación del país. “Argentina tiene una agricultura muy diversa, con regiones muy distintas, márgenes más bajos que Brasil y un clima político y económico inestable. Todo eso conspira contra la adopción masiva de tecnologías nuevas”, apunta.

La falta de escalabilidad también limita su adopción. “No es fácil para los distribuidores apostar a un producto que, aunque tenga ventajas ecológicas, aún no ofrece márgenes comparables ni la seguridad comercial que brindan los químicos”, remarcó Medina. Incluso las grandes compañías, como Bayer, están invirtiendo fuerte en esta línea –según el docente de la UNR, en 2018 destinaban más de 30.000 M de euros a investigación en bioinsumos–, pero el despegue aún no se concreta.

Otra barrera es la diversidad agroecológica de países como Argentina, donde los comportamientos de plagas y cultivos varían notablemente entre el norte y el sur. “Un bioinsumo que funciona en Salta puede fallar en el sur bonaerense. Por eso el productor va a tender a confiar en productos que le aseguren respuesta homogénea”, detalló el especialista.

Medina anticipa que el futuro del mercado biológico va camino a una concentración en pocas manos, a medida que se requiera mayor inversión para sostener el desarrollo y la escalabilidad de estos productos. “Pasará como con los químicos: se volverá un mercado más oligopólico, donde solo las compañías con músculo financiero puedan sostener el ritmo de innovación”, pronosticó.

En ese contexto, la regulación europea, si bien impulsa el uso de bioinsumos, podría convertirse en un cuello de botella si no hay oferta suficiente para responder a la demanda. “Europa exige cada vez más, pero sigue practicando un modelo agrícola más tradicional que el nuestro. En siembra directa, por ejemplo, Argentina está mucho más avanzada”, comparó.

Además del rendimiento, la huella de carbono y la protección de enemigos naturales son argumentos cada vez más valorados. “En ambientes como Corrientes, donde hay más biodiversidad, el uso de bioinsumos es estratégico porque no afecta a insectos benéficos. Eso no es menor”, remarca Mitidieri. En paralelo, subraya que la biotecnología también se vuelve una aliada, sobre todo en cultivos como el maíz, con plagas muy difíciles de controlar químicamente.

Una transición inevitable

En definitiva, mientras las regulaciones se endurecen y la demanda por alimentos sustentables crece, el campo empieza a reorganizar su estrategia. “Va a haber menos químicos en el mercado y más biológicos, no sólo por presión normativa, también porque se están logrando formulaciones muy eficaces”, anticipa Mitidieri. Medina, por su parte, considera que el desafío es escalar sin perder eficacia: “El productor va a confiar cuando vea resultados consistentes, sin importar si el producto viene de un hongo o de una molécula de síntesis”.

Los bioinsumos avanzan, pero a la hegemonía química le hace cosquillas

A pesar de los avances en tecnología, regulación y mercados, las soluciones biológicas para el campo se abren paso en un camino con grandes desafíos.

INSUMOS. CRECIMIENTO Y LÍMITES

INSUMOS. CRECIMIENTO Y LÍMITES

Por PATRICIO DOBAL

La venta de insumos biológicos alcanzó en Argentina, en 2024, los u$s124 M.

La diversidad de la agricultura atenta contra la adopción de nuevas tecnologías.

Juan Manuel Medina (CampoLimpio) y Adrián Mitidieri (Agro Desarrollos.