El clic que hace falta para que las soluciones florezcan. Septiembre 2026 | Page 21

¿Es un negocio para las empresas comenzar a realizar acciones de sustentabilidad? La pregunta es un interrogante recurrente de las compañías que se enfrentan a mercados y clientes más exigentes y normativas internacionales inflexibles para aquellos que no armonizan la producción con la sostenibilidad. Pero esa interpelación viene acompañada de otra no menor, que es el costo de esa transformación y cuánta inversión demanda.

“La sustentabilidad bien gestionada permite administrar riesgos y oportunidades que ya impactan en el negocio: acceso a mercados que exigen trazabilidad, condiciones de financiamiento que incorporan criterios ambientales y sociales, requisitos que las grandes empresas trasladan a sus proveedores y eficiencia en el uso de energía, agua y materiales”, dijo Natalia Di Carpio, socia de CR Consultora en Sustentabilidad.

Ambas ejecutivas explican que “el retorno no siempre es inmediato ni se mide sólo en ventas, sino que muchas veces aparece como costos evitados, riesgos anticipados o relaciones comerciales que se sostienen en el tiempo”.

Un gran número de empresas comienzan a trabajar en sustentabilidad no necesariamente por iniciativa propia, sino porque necesitan responder a una exigencia de un cliente.

“Muchas pymes, por ejemplo, no son exportadoras pero sí quieren ser proveedoras de empresas de capital extranjero cuya normativa de casa matriz exige estos estándares”, explica Marybel Alvarez Gatti, titular de la consultora Veintidós, radicada en Córdoba. Y lo grafica con un caso concreto: “Una minera en San Juan te dice que contrata sólo a empresas proveedoras que muestren sostenibilidad en su cadena”.

Comenzar a transitar en forma profesional el camino de la sostenibilidad “representa una mejora concreta en el resultado operativo”, afirmó Fabián Garófalo, integrante de la conducción de Eco-Etika, consultora especializada en el tema.

“En el entorno productivo argentino, la sustentabilidad impacta de forma directa en tres frentes clave del negocio”, dijo. En primer lugar, “eficiencia de costos y productividad (cada recurso que no se aprovecha es dinero que se pierde y reducir consumos de energía eléctrica, gas o combustibles, así como mermas de materia prima mediante procesos de economía circular, impacta de forma positiva en los costos de fabricación y en el margen operativo)”. En segundo, blindaje y acceso a la cadena de valor: “Las grandes empresas compradoras auditan a sus proveedores locales bajo criterios ASG para cumplir con sus compromisos corporativos y para una pyme contar con un desempeño ambiental y social estructurado le asegura la continuidad de los contratos vigentes y abre la puerta a licitaciones”, dijo. Tercero, “mitigación de riesgos y acceso al capital”, agregó.

Para Sofía Garro, fundadora de la consultora Almerix, con sede en Rosario, la decisión de iniciar este camino tiene múltiples beneficios. “El mercado está cada vez más exigente, cada vez hay más consumidores que buscan y eligen productos y servicios con un diferencial en sostenibilidad: orgánicos, con embalaje reciclable o biodegradable”, planteó. Pero también “de empresas que demuestren responsabilidad social y ambiental real con compromisos en igualdad de género, inclusión laboral, lucha contra el trabajo infantil, etcétera”, agregó.

El costo de dar el paso

Las consultoras señalaron que los costos de encarar este proceso varían según la demanda de cada empresa y la escala. Desde CR Consultora, distinguieron tres niveles. Las primeras medidas, que representan medir consumos, ordenar procesos, formalizar políticas, “se pagan con el propio ahorro que generan”, explicaron. Luego, el acompañamiento profesional (diagnóstico y el plan de acción) “tiene un costo similar a otros servicios profesionales que la empresa ya contrata, como una auditoría de estados contables o consultoría de procesos”. Finalmente, “las inversiones de capital, que conviene evaluarlas como cualquier otro proyecto, con su período de recupero”, detallaron.

Garófalo indicó que en las etapas iniciales, “la inversión se concentra en horas de consultoría y diagnóstico, no en la compra de activos costosos” y “equivale aproximadamente a lo que la empresa abona por unos pocos meses de un servicio externo contable, de seguridad e higiene laboral o de mantenimiento preventivo mayor de un utilitario o autoelevador”.

En la fase 2 o de optimización de procesos internos, “el costo adicional es prácticamente nulo y se realiza redistribuyendo horas de trabajo y aplicando disciplina operativa en planta”.

En la fase 3 de modernización tecnológica o reconversión de infraestructura, el costo se puede comparar al de una renovación planificada de un bien de capital o una máquina productiva. “La diferencia sustancial es que estos proyectos cuentan con una tasa de retorno medible (períodos de repago típicos de 18 a 36 meses vía ahorro energético) y califican para líneas de crédito productivo verde a tasas competitivas”, dijo.

Garro explicó que “el costo se prorratea en los meses que dura el proyecto”. De esa manera, el valor mensual que tiene que afrontar una empresa “suele ser menor a lo que cuesta un cargo administrativo”, con la ventaja de que la compañía “cuenta con un equipo especializado” para capacitar y desarrollar el proyecto.

Un testeo realizado por diferentes empresas que pagaron estos servicios mostró una gran disparidad de costos. La elaboración de un reporte de sostenibilidad hoy arranca en un piso de $ 6 millones y un techo de $ 30. En cambio, los servicios de acompañamiento de gestión ambiental, que incluyen, por ejemplo, mediciones de huella de carbono periódicas, se cotizan entre $1,5 y $ 2 millones mensuales. Eso se multiplica por cuatro cuando compañías grandes piden servicios de medición del impacto social en las comunidades.

Acompañar en el proceso de certificación como Empresa B, que suele demandar entre 3 y 6 meses de trabajo, hoy arranca con valores de $ 1 millón mensual hasta dos o tres veces ese monto.

Cada uno a su modo

Los sectores más dinámicos son aquellos “donde la exigencia externa es mayor”, dijo Carpio y coincidió con Garófalo en incluir a la agroindustria y alimentos con perfil exportador; energía, oil & gas y minería; sector financiero y la industria, transporte y logística.

Alvarez Gatti explicó que el vínculo de la consultora con las empresas que las contratan está muy ligada a la escala. “Las empresas grandes tienen sus propios equipos de sostenibilidad, pero en general es el líder y nadie más. En esos casos, como el desafío es hacer transversal la gestión sostenible, nos convocan a nosotros como un equipo ampliado de gestión”, indicó.

En el caso de las más chicas, que no tienen áreas específicas, “no funcionamos como consultoras, no decimos lo que hay que hacer, sino que hacemos junto al cliente”, detalló. Por ejemplo: “Si una empresa quiere reciclar sus uniformes, nos encargamos de encontrar a quien preste ese servicio y articulamos”, aclaró. “Somos un equipo ampliado”, dijo.

“La intención es que la empresa pueda transitar estos proyectos con el menor estrés posible, porque está atestada de otros temas”, indicó y explicó que es una oportunidad también para lograr financiamiento. “Hoy los inversores miran mucho qué nivel de riesgo tiene un negocio en términos de cambio climático o de regeneración del tejido social” y si se aportan registros de que una empresa es sostenible “podés acceder a financiamiento verde a tasas y plazos preferenciales”.

El punto de arranque

Para aquellas empresas que quieren transitar este camino Garro aconsejó “hacer encuestas a sus colaboradores, a la cadena de valor de la organización, para conocer las inquietudes de sus grupos de interés”. Planteó que es necesario pensar este proceso “como cambio en la cultura organizacional”.

“Primero hay que empezar por el diagnóstico y no por la comunicación”, dijeron Carpio y Roel y segundo “involucrar a la dirección desde el inicio, porque si no, las iniciativas quedan aisladas”. Luego, sí, “priorizar pocos temas y hacerlos bien”.

Para Garófalo, se trata de profesionalizar las acciones. “Hay que tratar la sostenibilidad como una disciplina de ingeniería y gestión y debe abordarse con el mismo rigor que las normas ISO 9001 o las rutinas de seguridad e higiene”, dijo. “Hay que tomar decisiones basadas en datos auditables, adoptar un enfoque escalonado e involucrar a la supervisión y al personal”, concluyó.

Cómo encarar las transformaciones para ganar frente a mercados que reclaman

producción con criterios ambientales y sociales.

NUEVAS EXIGENCIAS

Desafíos y réditos para las empresas en el camino hacia la sostenibilidad

Sofia Garro (Almerix), y

Por SANDRA CICARÉ

La sostenibilidad representa una mejora concreta en el resultado operativo.

Marybel Alvarez Gatti

Sofia Garro (Almerix)

Fabián Garófalo (EcoEtika)

Natalia Carpio (CR Consultora).