El clic que hace falta para que las soluciones florezcan. Septiembre 2026 | Page 4

El cambio de régimen económico emprendido por Javier Milei llegó a una zona incómoda: se logró estabilizar, pero ese paso no garantiza crecimiento ni se convierte en una certeza electoral. El Gobierno puede exhibir equilibrio fiscal, una inflación muy inferior a la heredada y una economía más desregulada. Lo que aún falta es demostrar que ese nuevo esquema puede sostenerse cuando la actividad pierde fuerza y los costos del ajuste compiten con los beneficios de la estabilidad.

Los números obligan a evitar tanto el triunfalismo como el dramatismo. El PIB cayó 0,6% en el segundo trimestre respecto del primero, aunque todavía creció 2% interanual. Julio agregó una señal más inquietante: la actividad cayó 2,9% desestacionalizada y 1,4% interanual. No alcanza para hablar de recesión técnica, pero sí para advertir que la recuperación perdió impulso justo cuando cada dato económico empieza a adquirir una lectura electoral.

Ahí aparece la principal tensión del programa. Milei no parece dispuesto a modificar sus pilares para compensar la debilidad de la actividad. Ni la política fiscalvni la monetaria ni la cambiaria parecen sujetas a un volantazo por conveniencia electoral. Esa rigidez puede ser leída como consistencia, pero también tiene un costo: si la economía no acelera, la sociedad debe esperar que los beneficios prometidos lleguen después de atravesar buena parte de los costos. Será para 2028, prometió el jefe de Estado desde Nueva York.

Desde la industria volvió a aparecer una palabra incómoda para el Gobierno: tipo de cambio, aunque se sabe que devaluar equivale a una competitividad efímera. Para Milei, una corrección significativa puede poner en riesgo uno de sus principales activos: la desinflación. El IPC de agosto fue de 1,7%. Es un logro aunque no parece sencillo sostener esa tendencia a la baja.

El Rigi y las grandes inversiones necesitan tiempo pero no quedan ajenos a la incertidumbre. Energía y minería requieren capital y horizontes largos, y los inversores necesitan saber qué ocurrirá si mañana cambia el Gobierno o la correlación de fuerzas en el Congreso. La política forma parte del cálculo de riesgo.

También el consumo plantea una pregunta incómoda. La estabilidad permite planificar y puede favorecer el regreso del crédito, pero no sustituye la recuperación del ingreso. Si una parte importante de los hogares todavía siente el peso del ajuste, habrá que ver cómo juegan las valoraciones de cada argentino sobre su situación, sus expectativas y los cambios concretos producidos.

Milei apuesta a que el tiempo juegue a su favor: que baje la inflación, vuelva el crédito y maduren las inversiones. Es una apuesta coherente con su programa, pero no exenta de riesgos. La verdadera prueba será demostrar que la estabilidad no es el punto de llegada, sino el comienzo de un crecimiento capaz de llegar al bolsillo, a las empresas y al empleo.

Milei, entre la

estabilidad y el

límite del modelo

Por GABRIEL GONZÁLEZ

Director de Punto biz

NOTA DEL EDITOR

Milei y su ministro Caputo tienen una parada brava de aquí a las elecciones.