Hacía más de diez años que el campo argentino esperaba algo nuevo. No una reformulación ni un genérico importado: una molécula inédita, pensada para atender la irrupción de malezas resistentes, enfermedades y nuevas plagas. Este año, tres de las principales compañías de protección de cultivos del mundo –Syngenta, Basf y Bayer– rompieron ese silencio casi al mismo tiempo con lanzamientos que comienzan en Argentina para luego replicarse en otros mercados como Brasil, Estados Unidos, Australia o Canadá.
¿Qué cambió en estos años para que después de casi una década surgiera en el mercado este boom de innovación que involucró a productos nacidos de nuevas moléculas y, muchos de ellos, enfocados en Latinoamérica?
El problema que motorizó esta oleada de desarrollo no es menor. La resistencia a los productos disponibles de malezas gramíneas –raigrás, sorgo de Alepo– y de enfermedades fúngicas o plagas como la chicharrita, llegó a un punto de quiebre. Según estimaciones del sector, el gasto de un productor argentino para intentar controlar esas resistencias supera los u$s 100 por hectárea en todo el ciclo productivo.
Esto fue en las últimas campañas un dolor de cabeza para el empresario del agro y los problemas se fueron atendiendo a los ponchazos, combinando diferentes productos químicos e incluso biológicos, pero siempre a “prueba y error”.
Otro desafío fue dar respuesta a dos puntos centrales para el negocio agrícola como son los costos y la huella ambiental. En este último caso por las fuertes presiones de los mercados globales para descarbonizar la agricultura.
Pero sumado a esto, el gran empujón lo dio la tecnología, que llegó para acelerar procesos y dar respuestas más inmediatas a problemas urgentes. Así, la inteligencia artificial (IA), la computación avanzada o el Big Data se convirtieron en aliados clave de este proceso que marca un nuevo ciclo en la agricultura sudamericana, en el cual Argentina vuelve a tener un rol preponderante porque fue el país elegido por las multinacionales para realizar el lanzamiento de sus innovaciones que luego replicarán en los principales mercados agrícolas.
“Es la primera vez en la historia que desde Syngenta se diseñó una molécula específica para la región de Argentina y toda Sudamérica”, aseguró Alejandro Piñeiro, gerente de Herbicidas para la Unidad Comercial Sur de Syngenta. Además, explicó que es “un hito” para el país recibir esta tecnología de parte de la compañía “después de más de 10 años”.
Hablaba de Virestina (cuyo ingrediente activo es la metproxibiciclona), el primer herbicida selectivo a nivel mundial para controlar malezas gramíneas resistentes en soja y algodón en casi 40 años que puede también utilizarse, en aplicaciones pre siembra, en cereales y maíz.
La innovación estará disponible en junio en el mercado y Argentina es el primer país del mundo en obtener la aprobación del registro de la tecnología.
El proceso no siguió el ciclo habitual de desarrollo. Syngenta observó hace una década cuáles serían los problemas del productor en este momento y trabajó de atrás hacia adelante. Identificó la problemática –la explosión de gramíneas resistentes en lotes de trigo, cebada, soja y maíz– y a partir de ese mapa construyó la molécula mediante lo que Piñeiro llama “creación por diseño”, un modelo que incorpora inteligencia computacional para modelar estructuras químicas con mayor velocidad y precisión que los métodos convencionales. El resultado fue una aceleración significativa en los tiempos de registro.
La magnitud del problema que Virestina pretende resolver queda clara cuando Piñeiro amplía el diagnóstico más allá del control de malezas. “Un lote enmalezado con Raigrás no sólo compite por luz y espacio, sino también por nitrógeno y otras fuentes de fertilizantes”, explicó y detalló que en el sur de la provincia de Buenos Aires la situación llegó a tal extremo que muchos productores debieron abandonar la siembra directa y volver a roturar el suelo como única manera de controlar las malezas. “No es sólo una cuestión de eficacia en el control sino de volver hectáreas nuevamente a la producción”, agregó.
De Argentina al mundo
“Hay un boom de innovación desde el punto de vista del agro en lo que es incorporación de nuevos productos en los portafolios”, aseguró Hipólito Orsini, líder de Portafolio de Protección de Cultivos de Bayer Cono Sur. A su juicio, “esto obedece a un cambio en el modelo productivo” porque el productor “está mucho más enfocado en aumentar su productividad porque lo necesita, ya que venía de un escenario mucho más financiero”, planteó.
Frente a esto, “todas las empresas estamos tratando de traer innovación para poder resolver algunas necesidades de los productores”, agregó.
El producto estrella de esta campaña es Iblon Pro, un fungicida que incorpora una carboxamida de tercera generación –la más nueva de la familia– desarrollada exclusivamente por Bayer en Argentina, donde se estrena antes que en cualquier otro país del mundo.
La elección de Argentina como primer mercado global para el lanzamiento de Iblon Pro no es casualidad. Orsini explicó que el foco estuvo aquí porque “el productor adopta rápidamente las innovaciones” y porque esa capacidad de adopción convierte al país en un laboratorio ideal.
Este fungicida está formulado para trigo, soja y maní, y sus resultados en ensayos muestran un 80% de casos con ventaja sobre el testigo competidor, con incrementos de rendimiento de 350 kilos por cereal de invierno.
Para Orsini, adelantarse a lo que se viene es parte de una mirada estratégica que hicieron en estos años las grandes compañías, que les permitió tener disponible productos en el momento justo.
“Trabajamos con inteligencia artificial, que acorta los tiempos, pero también con tendencias de mercado”, detalló. Y dio un ejemplo concreto. “Las empresas veníamos trabajando en la potencial epidemia de la chicharrita, pero los tiempos internos y regulatorios por lo general son más lentos que la velocidad que tiene la aparición de nuevas plagas, enfermedades o malezas”, dijo. “La innovación viene corriendo un poquito de atrás a lo que sucede en la dinámica de mercado”, explicó.
Pero eso también juega a favor porque “cuando se lanza el producto al mercado el productor está ávido de tomarlo porque tiene el problema y necesita erradicarlo”, detalló.
“No tenía sentido lanzar un producto para chicharrita en 2023 porque el productor ni la tomaba en cuenta porque era esporádica su aparición. Pero cuando vino la problemática y todas las compañías teníamos disponibles productos para esa plaga la adopción fue inmediata”, ejemplificó.
La nueva molécula
La historia de Vulcarus, el nuevo herbicida de Basf es similar. Comenzó en 2017 cuando la compañía inició la evaluación de Trifludimoxazin, un principio activo perteneciente a una nueva familia de herbicidas PPO (inhibidores de la protoporfirinógeno oxidasa que destruye las células de las malezas).
Nueve años después, este producto, con esa nueva molécula, se presentó oficialmente en Argentina en abril, durante el VIII Congreso Argentino de Girasol (Asagir). El cultivo llevaba demasiado tiempo sin recibir innovación en materia de protección.
Agustín Falcone, Crop Manager de Cereales de invierno, maní y legumbres de Basf, trazó una genealogía de este proceso. “Basf trabaja en esto hace más de veinticinco años. En 2002 lanzamos la tecnología Clearfield, que fue un hito en el control de malezas”, recordó y señaló que Vulcarus representa el próximo escalón. Es una nueva molécula que viene desarrollando la compañía hace nueve años.
Se trata de un herbicida residual de presiembra orientado al control de malezas de hoja ancha difíciles o resistentes –crucíferas, yuyo colorado, Rama Negra, Borreria verticillata–, con una persistencia de entre sesenta y setenta días. La tecnología estará disponible en esta campaña para girasol y maní.
Leandro Regueira, gerente de Desarrollo Técnico de Mercado de Basf, subrayó la dimensión estratégica del lanzamiento. “El girasol está expandiendo su área geográfica, pasando del sur bonaerense al norte santafesino, lo que lo convierte en un eslabón clave para la rotación de cultivos”, dijo durante una jornada técnica de la empresa en San Jerónimo Sud.
Durante el congreso de Asagir, los técnicos de la compañía indicaron que la brecha entre el rendimiento real y el potencial del cultivo ronda el 40%, lo que indica que hay mucho margen de mejora disponible.
Esta tecnología, también está registrada para maíz, soja, trigo y cebada y apunta a ser la herramienta que le permita al girasol competir en igualdad de condiciones con los cultivos que históricamente recibieron más atención tecnológica.
La brecha entre el reloj de la biología y el del desarrollo químico comenzó a ajustarse y Argentina se volvió protagonista.
Luego de una década lanzan productos innovadores, con nuevas moléculas
y formulaciones pensadas para problemas de la agricultura sudamericana
RENACIMIENTO
Tras años en barbecho, las multis siembran innovación en el campo
Syngenta, BASF y Bayer apostaron a la innovación.
Agustín Falcone (BASF) y Hipólito Orsini (Bayer).
Cultivos con nueva protección.
Por SANDRA CICARÉ