“Aquí tienes el punto IV reeditado, sin citas y listo para copiar y pegar”, fue la frase que apareció en la sentencia de un juez argentino en octubre de 2025. El incidente reveló que el uso de los dispositivos de Inteligencia Artificial gana cada vez más terreno en el ámbito judicial. Pese a que la incorporación de estos asistentes a la práctica jurídica acorta los tiempos de trabajo y simplifica tareas, también despierta interrogantes respecto de cómo debe regularse su uso.
La falta de veracidad en las respuestas, la exposición de datos privados ante empresas y los sesgos algorítmicos figuran entre las principales preocupaciones de quienes utilizan estas herramientas en contextos legales.
La incorporación de las IA
en los bufetes de abogados
El doctor Jorge Robiolo apela a una metáfora del campo de la física para resumir el cambio de paradigma a partir de la incorporación de la IA al trabajo de los abogados: “Si las computadoras primero, y el internet después, supusieron un salto geométrico para la profesión, ahora con las IA tenemos que hablar de un salto cuántico”.
El letrado afirma que en su estudio jurídico, “Robiolo, Bertolotto, Gentile & Asociados”, la inteligencia artificial se emplea principalmente para la redacción de documentos y la consulta jurisprudencial y normativa. Para Robiolo, esta incorporación no supone de forma alguna la pérdida de intelectualidad. “Si yo delegó en estas herramientas la parte formal, que es cerca del 70% del trabajo, puedo dedicar mi trabajo intelectual al otro 30%, la evaluación de la prueba o del derecho”, explica.
Pilar Racciatti señala otras posibilidades que habilita el uso de la IA: “Mediante herramientas como Notebook LM podemos resumir un fallo de 90 páginas en un podcast. Esto nos permite familiarizarnos con la documentación mientras hacemos otra cosa”. Y añade: “También se le pueden cargar muchos fallos de un juzgado para que detecte patrones o tendencias”.
¿Complemento o sustituto?
Pese a que consideran que la IA avanza sobre el aspecto más “material” del derecho, los dos entrevistados recalcan que los procesos de utilización de la herramienta deben contar con estricto control humano. Pese a que las aplicaciones pueden localizar determinados artículos de una ley, citar fallos o elaborar análisis de casos, en una segunda etapa los abogados realizan una verificación de la información.
“La práctica jurídica se va transformando con el uso de la IA. La automatización de algunos procesos nos permite subir los estándares profesionales: te trae muchísima más información, te lleva a estrategias jurídicas de mucha más precisión y alto nivel”, indica el miembro del Colegio de Abogados Juan Manuel Fascia.
El abogado además señala qué características humanas como la empatía no pueden ser reemplazadas por las máquinas: “Cuando viene un cliente que está en una situación delicada, en crisis, porque lo está atravesando un conflicto, yo dedico mi tiempo a empatizar, a entender qué es lo que le está pasando para que se sienta acompañado. Al no estar una hora transcribiendo documentación, potencio mi lado humano”.
En la misma dirección se expresa Ivan Kvasina, miembro del Colegio de Magistrados. “El material de trabajo de abogados y abogadas no es otra cosa que el conflicto intersubjetivo, humano. No hay máquina que pueda manejar de una manera inteligente con tacto y empatía esos conflictos. Por ejemplo, los de familia o sucesorios porque no son materiales, son humanos”, expone el juez rosarino.
Los riesgos de
la implementación de la IA
En octubre de 2025, la Cámara en lo Penal de de Esquel anuló la condena dictada contra un hombre por el delito de robo simple, tras detectar que el juez de primera instancia utilizó un asistente de inteligencia artificial generativa para fundamentar un tramo central de la sentencia.
Este caso, el primero en el país de tales características, expuso los riesgos derivados del uso de la IA en el ámbito del derecho.
Los asistentes de Inteligencia Artificial a menudo producen respuestas en las que inventan o tergiversan información, lo que se conoce en la jerga como “alucinaciones”, para contentar a los usuarios que las consultan. Para el caso del derecho, lo que sucede con más frecuencia es que las IA falsean la jurisprudencia o la legislación.
El manejo de información confidencial es otro punto sensible. Los profesionales advierten que la Ley de Protección de Datos Personales en Argentina (del año 2000) quedó desactualizada para el contexto de la IA. La preocupación central pasa porque, tras cargar datos de sus clientes, las plataformas obtienen datos privados que podrían comprometer el secreto profesional. Es por eso que, ante la falta de certezas acerca del procesamiento de la información personal, en los bufetes la carga de datos se realiza de la forma más anonimizada posible.
El debate por la regulación
La Unión Europea aprobó en 2024 el primer marco normativo relativo al uso de las inteligencias artificiales. Aunque no está abocado directamente a su ejercicio en ámbitos legales, la ley IA Act trazó algunos lineamientos generales para abordar el fenómeno de crecimiento del desarrollo de estas herramientas.
Pese a que reconoce que la legislación en el viejo continente debe tomarse como referencia en el resto del mundo, Juan Manuel Fascia advierte sobre algunas de las falencias de este marco. “Regularon tanto y es tan casuístico todo que muchas cosas se tornan inaplicables. Primero, porque avanzó tanto que ya los conceptos quedan viejos y, segundo, porque al regular tanto y asfixiar el desarrollo, todas las empresas desarrolladoras emigraron a lugares donde no tienen esa regulación”, indica Fascia.
Jorge Robiolo, por su parte, mantiene una posición en favor de regular “lo menos posible” para “no entorpecer los procesos”. “Por supuesto que hay materias que sí o sí deben ser reguladas, pero creo que el principio debe ser no regular todo lo que pueda no regularse. Es una ventaja que tiene la inteligencia artificial, al igual que gran parte de internet”, señala Robiolo.
Juan Manuel Fascia destaca que el Colegio de Abogados de Rosario fue pionero en Argentina al emitir, en abril de 2025, las primeras recomendaciones para el uso ético de la inteligencia artificial en el ejercicio profesional. Fascia, quien presidió el Instituto de IA del Colegio y participó directamente en la elaboración de estas pautas, señala que el objetivo principal fue proporcionar a los abogados “guías de conducta” que encaucen las buenas prácticas y eviten faltas éticas o morales
Para el letrado, uno de los puntos centrales del manual confeccionado por el Colegio es el “control adecuado y suficiente” que recomienda para el uso de la herramienta. “No se trata solamente de ir hasta el fallo que me citó la IA. Se debe analizar el fallo, si está diciendo lo que dice, incluso si la interpretación que le dio el juez es la que me está dando la IA. Lo que tenemos acá es que estas herramientas no están preparadas para no responder y a veces responden a medida de lo que vos le pedís”, explica Fascia.
El documento elaborado por el Colegio rosarino está inspirado, en gran parte, en la opinión formal 512 de la American Bar Association sobre el uso de la IA. El colegio de abogados más grande de Estados Unidos y del mundo expresó en 2024, a través de este documento, que la implementación de IA no puede alterar las responsabilidades profesionales y que su utilización debe darse siguiendo parámetros que resguarden la privacidad de los clientes.
Permite ganar eficiencia y procesar información a mayor velocidad. Fallos inventados, filtración de datos y falta de regulación, entre los desafíos.
ABOGACÍA EN LA NUEVA ERA
Debate abierto para una herramienta cada vez más valiosa
INTELIGENCIA ARTIFICIAL
Por ÁLVARO MATÉ
Iván Kvasina, Pilar Racciatti y Juan Fascia.