Hubo un tiempo, no hace mucho, en que hablar de Inteligencia Artificial (IA) en la construcción sonaba a futurismo. Pero 2026 encontró a las desarrolladoras rosarinas con la herramienta ya instalada en el escritorio, aunque con un uso mucho más pragmático y menos “revolucionario” de lo que se preveía. La fase de “encantamiento” con las imágenes surrealistas quedó atrás; hoy el sector busca integrar la IA en el workflow (flujo de trabajo) diario para ganar competitividad.
“En el último año está teniendo una llegada real a la profesión. Sobre todo acá, en lo que nosotros hacemos”, explica Matías Imbern, titular de la desarrolladora 3dF, en diálogo con Punto biz. Para el empresario y arquitecto, el cambio de paradigma ya no se discute, pero sí se delimita: hoy la IA es una aliada poderosa para la visualización, pero todavía no sabe “agarrar el lápiz” para la ejecución técnica.
De la “chispa” creativa
al flujo de trabajo
A diferencia de los primeros experimentos, donde la IA se usaba de forma aislada para generar una imagen impactante, hoy el enfoque está en el workflow. Como marcan las tendencias actuales, la IA ya no se ve como una “caja negra” que arroja resultados finales, sino como un eslabón intermedio que permite explorar variaciones espaciales, materiales y de iluminación en segundos.
Este impacto es tangible en la preventa. Lo que antes demandaba días de trabajo de un especialista en renderizado y costos elevados, hoy se resuelve con una velocidad que redefine los tiempos del negocio. “Lo que más usamos es la visualización. Es algo muy rápido y poderoso que permite ofrecerle al cliente –y a nosotros mismos– una visión muy acertada del producto final en muy poco tiempo”, detalla Imbern.
En esa misma línea, Martín Gori, coordinador comercial de Life Desarrollos y fundador de Susten Hub, aporta otra mirada desde la práctica cotidiana: “Antes, entre que bajabas una idea, la dibujabas, la modelabas y la volvías a ajustar, se te iban fácil dos semanas. Hoy eso –al menos en lo estético– lo resolvés en dos días”.
Para Gori, el salto no es sólo creativo sino también comercial. “La usamos mucho para transmitir imágenes conceptuales que te ayudan a entender rápido qué sensaciones puede generar un ambiente. Y en lo comercial, el impacto es enorme: redacción, investigación de mercado, armado de producto, procesamiento de planillas… incluso animar renders que antes eran estáticos”, enumera.
Esta eficiencia se traduce en una baja de costos operativos en la fase de anteproyecto, aunque todavía es un ahorro “por el costado”.
“No es para decir que bajé un 5% el costo de un edificio; el ahorro real hoy está en la drástica reducción de horas dedicadas a la producción de imágenes”, aclara Imbern. Gori coincide: “No construís más barato por usar IA, pero sí evitás retrabajos y tomás mejores decisiones al inicio, que es donde realmente se define el costo de un proyecto”.
El desafío de
la precisión técnica
A pesar de la espectacularidad visual, la IA todavía choca contra una pared: la documentación de obra. Mientras que la IA generativa brilla en lo “difuso” (imágenes, atmósferas, conceptos), la arquitectura requiere la precisión milimétrica de la ingeniería. Por eso, en las oficinas locales el trabajo pesado sigue pasando por el sistema BIM, que modela en 3D bajo una lógica técnica, pero que aún no está plenamente automatizado por inteligencia artificial.
“La IA genera imágenes, pero no genera dibujos técnicos (planos). Todavía no tiene esa capacidad”, señala Imbern. Desde la experiencia de estudio, Gori suma un matiz clave al afirmar que “la IA muchas veces devuelve cosas lindas, pero cuando las mirás en detalle no cierran”. “Puede haber imágenes muy logradas, pero sin una idea coherente detrás eso después es muy difícil de bajar a un proyecto real”, apunta.
En tanto, el titular de 3dF vislumbra que el verdadero “salto cuántico” ocurrirá mediante la integración de ecosistemas. “Si se logra linkear la capacidad de modelos de IA con Autodesk, y que esa imagen se convierta en un modelo 3D con planos bidimensionales, ahí sí el impacto será sísmico. Pero hoy no estamos ahí”.
¿Menos arquitectos
en las oficinas?
En la obra física, la IA es todavía una espectadora. “En obra no se está haciendo nada. Al menos nosotros no le vemos un uso hoy”, confiesa Imbern. Sin embargo, empiezan a aparecer pruebas piloto. “Estamos testeando bajar avances de obra desde fotos de drone directamente a planillas de certificación. Eso hace un tiempo era impensado”, cuenta Gori, marcando que el uso en campo empieza a asomar, aunque todavía de forma incipiente.
En la organización de los estudios, la mutación es inevitable. La IA está pasando de ser una herramienta de “búsqueda” a un integrante más del equipo, capaz de procesar normativas, optimizar plantas y proponer soluciones básicas.
Esto abre un interrogante sobre la estructura futura de las desarrolladoras. “Seguramente va a bajar costos porque se va a necesitar menos gente para producir lo mismo”, plantea Imbern.
Para Gori, el cambio es más profundo y tiene que ver con el rol profesional. “El arquitecto se empieza a correr de lo operativo y pasa a un rol más de decisión: elegir, filtrar y darle coherencia a todo lo que aparece. La IA te puede dar muchas opciones, pero no te arma una idea por sí sola”, apunta
En ese nuevo esquema, ambos coinciden en que el diferencial ya no pasa por usar la herramienta -cada vez más accesible- sino por el criterio. “La IA no reemplaza al arquitecto, pero sí deja en evidencia cuándo ese criterio no está”, resume Gori.
El ladrillo rosarino, así, empieza a convivir con algoritmos. No para reemplazar manos, sino para acelerar decisiones. Y en un negocio donde el tiempo es dinero, eso ya empieza a hacer la diferencia.
De la velocidad extrema para diseñar a la barrera que todavía no puede romper.
MUTACIÓN EN CONSTRUCCIÓN
El impacto real en
el ladrillo rosarino
INTELIGENCIA ARTIFICIAL
Por ARIEL ECHECURY
La IA permite explorar variaciones espaciales, materiales y de iluminación en segundos.
Martín Gori, de Life Desarrollos, y Matías Imbern, de la desarrolladora 3dF.