Un empleado administrativo abre Gemini para que le resuma un PDF de sesenta páginas antes de una reunión de directorio. En tres segundos tiene los puntos clave. Sin embargo, apenas cierra la pestaña del navegador vuelve a una planilla de Excel que se cuelga porque pesa demasiado y a un proceso de rendición de gastos que todavía exige imprimir tickets, pegarlos en una hoja A4 y conseguir tres firmas de puño y letra.
Esa sensación de vivir en dos siglos al mismo tiempo es el corazón del último Monitor Nacional de Taquion Group, titulado El uso de la IA en las empresas. La inteligencia artificial ya es parte del paisaje doméstico, pero todavía no fichó en la oficina.
Los datos del informe son reveladores: el 60% de los argentinos convive con la IA en su vida cotidiana. La usamos para que nos recomiende una serie, para redactar un mensaje difícil por WhatsApp o para editar una foto. Sin embargo, al poner la lupa sobre el ámbito laboral, sólo el 43% la aprovecha en sus tareas.
Lo más preocupante no es la baja adopción, sino la forma en que se da. Se trata de una implementación “casera” o “blue”. El trabajador usa herramientas gratuitas para “sacarse de encima” tareas aburridas, pero lo hace de forma aislada, sin un protocolo de seguridad de datos y, muchas veces, a espaldas de la empresa. Es la Shadow AI (IA en las sombras): soluciones individuales para problemas que la empresa aún no decidió resolver.
En Rosario, el termómetro marca una fiebre similar, aunque con matices propios del entramado productivo regional. Desde la consultora NeoBiz, las especialistas Melina Baracco, Mariana Colonnello y Natalia Cao explicaron a Punto biz: “Quienes la emplean lo hacen de forma acotada, apoyándose solo en las herramientas más difundidas. Percibimos que en Rosario la distancia es mayor cuando se intenta trasladar ese hábito individual a los procesos, las decisiones y los modelos de gestión”
Cuando el “dolor” es analógico
Solemos asociar la innovación con inversiones millonarias en servidores o robots humanoides. Pero el informe de Taquion y la mirada local coinciden en que el problema operativo está en lo básico. Las empresas siguen atrapadas en procesos manuales. El verdadero “dolor” no es digital, es analógicamente puro.
Silvina Lingua, fundadora y directora de Startia Consultores, lo experimenta a diario en las pymes de la región. El obstáculo no es la falta de tecnología per se, sino la dinámica del día a día. “Las empresas rosarinas están tan enfocadas en apagar incendios que no tienen tiempo para sentarse a revisar cómo hacen las cosas. Sin ese espacio –o alguien que lo tome– es muy difícil que la IA se integre al equipo”, señaló.
En el entramado productivo santafesino –agro, industria y servicios– persiste una lógica de gestión fragmentada. Conviven planillas de Excel que viajan por mail, mensajes de WhatsApp que reemplazan órdenes de compra y circuitos informales que dependen de la memoria de un empleado histórico. En este escenario, la puerta de entrada a la IA no está en soluciones futuristas, sino en automatizar lo repetitivo. Cargar facturas, gestionar consultas de Recursos Humanos o mejorar la atención al cliente son las “victorias rápidas” que el mercado está ignorando.
Eso sí, no todos los sectores parten de la misma línea de largada. El agro y las fintech corren con ventaja. Ya operan en entornos tecnológicos desarrollados, manejan datos en la nube y están acostumbrados a la toma de decisiones basada en algoritmos. Para ellos, la IA es una capa más de eficiencia.
En la industria manufacturera pyme la deuda es estructural. “Si los datos no están ordenados o los procesos no están profesionalizados, la IA es difícil de aplicar”, advirtieron desde NeoBiz. Una empresa que no tiene su inventario digitalizado difícilmente pueda pedirle a un modelo predictivo que le avise cuándo comprar materia prima.
En este camino, los mandos medios actúan como el “jamón del sándwich”. Son quienes reciben la presión de arriba por ser modernos y el reclamo de abajo por herramientas que funcionen. Aquellas empresas con una cultura de procesos ya establecida son las que están logrando transformar la IA en una herramienta concreta y no en un juguete caro.
El silencio de los líderes
y el “elefante en la oficina”
Uno de los datos más crudos del informe de Taquion es que “1 de cada 3 trabajadores dice que sus jefes nunca hablan de IA”. Es el elefante en la oficina: todos lo ven, algunos incluso interactúan con él, pero nadie lo nombra ni lo gestiona de forma oficial.
Este silencio directivo es peligroso. “Hay interés, pero falta que alguien agarre el volante”, sostuvieron desde NeoBiz. Sin un líder que establezca objetivos claros, la IA queda como una iniciativa aislada de algún empleado con chispa. La empresa no aprende, no capitaliza el conocimiento y, lo que es peor, se expone a riesgos de confidencialidad.
La falta de formación oficial hace que el aprendizaje sea anárquico. Mientras el mundo debate la ética de los algoritmos, en muchas oficinas locales la discusión todavía pasa por si se puede o no usar ChatGPT para redactar un informe.
Afortunadamente, la demanda en Rosario está mutando. Ya no se busca sólo una charla inspiracional sobre “qué es la IA”, sino que el empresario local ahora pregunta: “¿Cómo la uso en mi escritorio mañana a las 8 AM?”.
Las empresas están demandando consultoría para tres objetivos específicos: detectar casos de uso, ordenar prioridades y acompañar la adopción.
“Los empresarios pyme se nutren de sus consultores de confianza”, coincidieron desde NeoBiz y Startia. La consultoría aporta lo que la experimentación casera no tiene: método, velocidad y capacidad de traducción. Se trata de pasar de la curiosidad tecnológica al lenguaje de negocios.
¿Optimismo o ceguera
voluntaria?
Hay un dato en el informe que debería encender todas las alarmas: el 48% de la gente cree que su empresa va a seguir igual de bien en 5 años aunque no use IA.
Para Lingua, esto es puro “exceso de optimismo”. No es que la empresa vaya a desaparecer por un rayo tecnológico de un día para el otro, pero se volverá irrelevante por erosión: “El riesgo no es siempre bajar la persiana; es volverse lento, caro y poco atractivo para el talento joven. El competidor que sí use IA va a ser más escalable, tendrá mejores márgenes y atraerá a los mejores profesionales. Ahí es donde se siente la amenaza real”.
Derribando el mito
del “botón mágico”
Persiste la idea de que la IA es un botón mágico que reemplaza al humano. Sin embargo, la mitad de los encuestados por Taquion está convencido de que su trabajo requiere de ese “plus” de creatividad y sensibilidad que una máquina no tiene.
El presupuesto para estas tecnologías suele aparecer cuando el caso de uso es concreto. Si se demuestra que con una implementación de IA habrá un 20% menos de errores en la facturación, la inversión deja de ser un gasto suntuario.
En definitiva, la mirada de las especialistas locales es una invitación a la acción. Rosario no tiene un problema de falta de interés, sino una dificultad para convertir ese interés en transformación tangible. La adopción personal ya es un hecho; el desafío ahora es empresarial. Es hora de dejar de usar la IA para sacarse de encima un mail aburrido y empezar a usarla para rediseñar la forma en que producimos.
El desfasaje entre el uso personal de algoritmos y los procesos corporativos que todavía dependen del papel.
TRABAJADOR “CENTAURO”
En casa ya se acomodó, pero todavía no fichó en la oficina
INTELIGENCIA ARTIFICIAL
Por MARCIA CARRARA
Melina Baracco, Natalia Cao y Mariana Colonnello (NeoBiz)