Durante décadas, la competitividad exportadora estuvo asociada fundamentalmente al precio, la calidad y la capacidad de cumplir con los plazos de entrega. Pero las reglas del comercio internacional están cambiando. Hoy, para ingresar a determinados mercados, las empresas necesitan demostrar no solamente qué producen, sino también dónde, cómo y bajo qué condiciones lo hacen. La trazabilidad, las emisiones de carbono, el impacto ambiental y las prácticas laborales dejaron de ser cuestiones exclusivamente vinculadas con la responsabilidad empresaria para convertirse en factores que pueden definir la prolongación en el tiempo o la corta vida de una operación de comercio exterior.
La Unión Europea está a la vanguardia de esta transformación, con regulaciones que incorporan exigencias sobre deforestación, emisiones y cadenas de suministro. El acuerdo comercial entre el Mercosur y el bloque europeo potencia las oportunidades para los exportadores argentinos, pero también pone en primer plano la necesidad de adecuarse a estándares que van mucho más allá de las condiciones arancelarias.
En la región, el proceso todavía transita una etapa de adaptación. “En general, las empresas más chicas todavía no están preparadas. Estamos en un período de adaptación y aquellas que quieran exportar a la Unión Europea van a tener que cumplir con las trazabilidades y certificaciones que les exijan”, explicó Sergio Rodríguez, CEO del estudio aduanero Oscar Belgrano y Asociados y tesorero de la Cámara de Comercio Exterior de Rosario.
El especialista reconoce que, por ahora, estas exigencias no encabezan las preocupaciones de sus clientes. Los costos logísticos, los fletes internacionales y las dificultades para competir en precios concentran buena parte de la atención empresaria. Sin embargo, advierte que el nuevo escenario demandará inversiones. “Hay empresas que van a tener que hacer grandes cambios y otras que ya están preparadas, pero les falta implementar los procesos. Yo lo considero una inversión, porque el gasto se hace al principio y después queda”, sostiene. La diferencia entre grandes exportadoras y pymes aparece como uno de los desafíos. Mientras algunas compañías ya cuentan con sistemas productivos y controles compatibles con estándares internacionales, otras deberán comenzar prácticamente desde cero.
El costo de demostrar
cómo se produce
Ricardo Viera, socio gerente de Ingeniería en Calidad Total (ICT) SRL, trabaja precisamente en acompañar a las empresas en ese proceso. Desde su consultora advierte que el acceso a los mercados más exigentes depende cada vez más de la capacidad de acreditar documentalmente el historial de elaboración de los productos.
Entre los instrumentos que impulsan esa transformación aparecen el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM) y el reglamento europeo contra la deforestación (EUDR), que establecen obligaciones diferentes según los productos alcanzados. También ganan relevancia herramientas como la norma ISO 14067, vinculada con la huella de carbono de producto, y los sistemas de gestión de calidad y ambiente.
Viera define las nuevas exigencias como un verdadero “peaje de entrada” a determinados mercados. La falta de documentación o las inconsistencias en la información pueden traducirse en demoras, sobrecostos o dificultades comerciales.
Para facilitar la adaptación, ICT participó de actividades técnicas junto a la Cámara de Comercio Exterior de Rosario y de un convenio orientado a brindar asistencia a pymes exportadoras. La propuesta incluye diagnósticos, implementación de sistemas de gestión y herramientas tecnológicas para mejorar el seguimiento de procesos. “El nuevo paradigma requiere que las empresas pasen de una postura reactiva a un plan de anticipación”, plantea Viera.
Esa transformación también comienza a observarse entre los prestadores de servicios. Octavio Torné, socio gerente de OECE SRL, cuenta que su firma, dedicada al negocio aduanero, incorporó una herramienta para medir las emisiones de dióxido de carbono asociadas al transporte de mercaderías. “No tenemos una exigencia de nuestros clientes ni de proveedores del exterior. Es algo que desarrollamos para aquellos que en algún momento quieran empezar a medir la huella de carbono de sus operaciones de comercio exterior”, explica. El ejemplo refleja una tendencia todavía incipiente: incorporar herramientas antes de que se conviertan en requisitos habituales de los compradores.
La experiencia que nació
en el corazón agroexportador
Mientras numerosas empresas recién comienzan a familiarizarse con estas exigencias, la agroindustria argentina puede mostrar una experiencia concreta de anticipación. En 2019, la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (Ciara) impulsó un trabajo colectivo para desarrollar un sistema de trazabilidad capaz de responder a los requisitos socioambientales que comenzaban a discutirse en Europa. De ese proceso nació VISEC, una plataforma que inicialmente se concentró en la soja y luego incorporó la cadena de carne vacuna.
“Queríamos revertir la típica historia argentina de que a último minuto salimos corriendo a ver cómo cumplimos con una nueva demanda de un comprador. La idea fue anticiparnos y no esperar a que saliera escrita la norma”, recuerda Gustavo Idígoras, presidente de Ciara. La construcción involucró a productores, acopiadores, cooperativas, exportadores y organizaciones ambientalistas internacionales. El desafío no fue solamente tecnológico: hubo que construir confianza entre sectores que históricamente mantenían posiciones enfrentadas. El camino recorrido en la plataforma VISEC puede ser hoy tomado como hoja de ruta para esquemas similares en otras cadenas de valor.
También resultó necesaria la articulación con organismos públicos para verificar información productiva, fiscal, laboral y ambiental. El impulso inicial fue privado, pero la implementación requirió combinar capacidades de distintos actores. Los resultados permiten dimensionar su alcance. Según Idígoras, VISEC ya reúne unos 10.000 productores de soja, más de 4 M de hectáreas y un volumen superior a 12 M de toneladas. La plataforma suma alrededor de 300 productores por día. “Argentina necesita por año 11 M de toneladas de producción de soja para abastecer el flujo histórico hacia Europa. Estamos tratando de aumentar esta cobertura porque tenemos la oportunidad de desplazar a países como Brasil”, asegura.
El dato muestra cómo una herramienta diseñada para cumplir requisitos ambientales también puede transformarse en una estrategia comercial para ganar participación en mercados internacionales. La experiencia está comenzando a trascender las fronteras del complejo sojero. VISEC incorporó la carne vacuna y proyecta convertirse en una plataforma multiproducto, con posibilidades de sumar maíz, trigo, girasol, lácteos y legumbres.
“La condición es que toda la cadena de valor lo acepte. No podemos trabajar con un eslabón aislado porque no sirve”, explica Idígoras. El sistema también despertó interés en otros países latinoamericanos, entre ellos Paraguay, Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia.
La próxima etapa apunta a medir emisiones de carbono a lo largo de todo el recorrido productivo, desde los lotes agrícolas hasta el transporte, el acopio y la industrialización. Además, Idígoras advierte que estas demandas ya no se limitan a Europa. Compradores privados de China, India y Vietnam comenzaron a incorporar verificaciones ambientales y sociales en determinadas operaciones.
El fenómeno plantea un desafío que atraviesa a toda la estructura exportadora argentina. La sustentabilidad ya no aparece únicamente como un atributo para diferenciar productos, sino como una condición que puede determinar quién consigue vender y quién queda afuera. Para las empresas santafesinas, la discusión comienza a desplazarse desde cuánto cuesta adaptarse hacia cuánto puede costar no hacerlo. En ese nuevo escenario, la capacidad de demostrar cómo se produce empieza a valer tanto como el producto que se pretende exportar.
Trazabilidad, sustentabilidad y certificaciones ganan terreno como condiciones
de acceso a los mercados internacionales. Europa marca el rumbo.
TIEMPO DE ADAPTARSE
El nuevo pasaporte para exportar: las exigencias que cambian las reglas
Una operación de comercio exterior tiene en cuenta nuevas variables.
Por PATRICIO DOBAL
cometen
La Unión Europea impone hoy nuevas regulaciones y estándares.
Octavio Torné (OECE SRL) y Gustavo Idígoras (Ciara).