Durante décadas, la sucursal bancaria fue una pieza central de la vida económica de las grandes ciudades. No sólo era el lugar donde se hacían trámites financieros sino que también funcionaba como símbolo de presencia y cercanía con los clientes. Tener más sucursales era, en sí mismo, una señal de fortaleza. Ese modelo empezó a quedar atrás.
En Rosario y la región comenzaron a aparecer señales cada vez más evidentes de un repliegue que se observa en todo el sistema financiero. El cierre de sucursales, la reducción de espacios físicos o la reconversión de sedes tradicionales en centros de atención más pequeños forman parte de una transformación más profunda.
Uno de los casos recientes es el de una histórica sede bancaria sobre calle Santa Fe al 1000, que durante años funcionó como sucursal del HSBC y que quedó bajo la órbita de Banco Galicia tras la compra de la filial argentina del banco británico. La sucursal atraviesa ahora un proceso de cierre y el edificio salió al mercado inmobiliario.
No es la única señal. También el Banco Santa Fe comenzó a reordenar su presencia física en Rosario, desocupando parte de su histórica casa central en San Martín y Santa Fe, un edificio emblemático que durante décadas concentró la actividad administrativa y operativa de la entidad.
La lógica detrás de estas decisiones es que los clientes dejaron de ir al banco. La expansión del home banking, las aplicaciones móviles y las billeteras digitales transformó la relación entre las personas y el sistema financiero. Operaciones que antes requerían pasar por una sucursal -transferencias, pagos, inversiones o incluso solicitudes de crédito- hoy se resuelven desde el celular.
Mantener edificios amplios, con múltiples cajas de atención y grandes plantillas de personal dedicadas a operaciones presenciales implica costos cada vez más difíciles de justificar frente a un cliente que opera, mayoritariamente, en forma digital.
Este proceso tiene evidente impacto en el centro de Rosario. Durante décadas, los bancos ocuparon algunos de los edificios más valiosos del centro, en especial sobre la calle Santa Fe. Hoy varios de esos inmuebles quedan sobredimensionados para el nuevo modelo y comienzan a cambiar de destino.
Lo que se observa en Rosario no es un fenómeno aislado sino que forma parte de una transición en la que la banca dejó de utilizar los espacios físicos como estrategia. El banco sigue existiendo, pero cada vez menos en “la city” y cada vez más en la pantalla del celular.
El ocaso de la sucursal
bancaria tradicional
(Sigue...)
EN PRIVADO
Por ARIEL ECHECURY
Empleados bancarios en alerta por el cierre de sucursales.