Los protagonistas de 2025 Diciembre 2025 | Page 39

En los meses pico, de las dos plantas del Grupo Vidalac salen 120 camiones por mes cargados de alimentos. El año que viene, la distribución pasará a un nuevo centro logístico, que hoy está en plena construcción: estrenarán 24.000 m2 de depósitos. ¿La meta? Hacer llegar sus productos directo de fábrica a los comercios del país, sin intermediarios.

Vidalac nació del empuje de Darío Benitez, un emprendedor precoz de Santa Fe, y escaló a partir de la diversificación: arrancó fraccionando y rallando hormas de queso y, tiempo después, empezó a fabricar leche en polvo, su histórico core.

Entre 2024 y 2025, invirtió fuerte para diversificar el negocio. Amplió y sumó líneas de producción a sus plantas de Sauce Viejo y Paraná, y engrosó el porfolio con arroz, legumbres, agua mineralizada. Y aunque también fabrica premezclas sin gluten y colágeno en polvo, el corazón del negocio es la primera necesidad; los productos que siguen saliendo cuando baja el consumo.

Benítez reconoce que encontró su nicho en la base de la pirámide social, y que su fórmula son los “precios accesibles, de calidad y la alta rotación”. Pero, además, defiende su propia filosofía: probar, probar y probar todo en materia de negocios, con la condición de saber retirarse “cuando ajusta el cinturón”.

Una historia de radios rotas

y autos vendidos

Como la mayoría de los hombres de negocios que se hacen a sí mismos, el dueño de Vidalac relata su vida intercalando anécdotas, que empiezan desde muy temprano.

Tenía 9 años cuando su padre descubrió que trabajaba a escondidas: le decía que iba a estudiar de un amigo, pero en realidad sellaba los huevos que luego se distribuían en las granjas del barrio. Tuvo que negociar buenas notas a cambio del permiso para seguir con la “changuita”.

A los 12 pedaleó hasta el centro de Santa Fe para comprar un potenciómetro. Quería arreglar una radio rota porque en la cena familiar había escuchado que la reparación “era carísima”. Sus padres se enteraron cuando la radio ya funcionaba a todo volumen. Conocida la “hazaña”, los vecinos le empezaron a traer sus radios para que las reparara a precio de ganga.

Cuando cumplió 15 ya tenía su taller de reparación en marcha y volvió a hacer de las suyas: sin aviso, sacó dos árboles de cuajo y construyó un local de pocos metros cuadrados, en el espacio que su familia reservaba desde hacía años para el garaje de un auto que nunca llegaba (dice que todavía se acuerda del largo silencio que hizo su padre cuando vio el níspero totalmente estropeado). A Benítez se le había ocurrido que podía fabricar ecualizadores y amplificadores en casa, así que pegó ladrillo por ladrillo y una vez que estuvo el espacio listo, embarcó a toda la familia en la empresita que entonces llamó DRB Electrónica, por sus iniciales.

“Mi mamá colocaba los capacitores, mi papá agujereaba las plaquetas, mi hermana, como era la más prolija porque era maestra jardinera, pegaba adhesivos. Llegamos a fabricar 150 ecualizadores por mes”, recuerda con orgullo.

Pero su sueño de fabricante de electrónica le duró poco más que un suspiro. Sobrevino la hiperinflación, que lo descapitalizó por completo, y hubo que volver a la reparación. Con un problema adicional: en el barrio nadie tenía plata para pagarle, y el fiado le esquilmaba el negocio. La solución, pensó, era ir a donde sí pudieran pagarle, así que a los 18 años dejó el barrio y se puso un local a una cuadra de la peatonal de Santa Fe. Todavía no estaba bancarizado.

“Me presenté en la inmobiliaria que vendía la propiedad en short y ojotas, imaginate la bola que me dieron. Pero hablé con un amigo, que interesó a su padre, y me contactó con una iglesia. Compré el primer local del centro con la plata que me dieron por un auto usado que me había comprado y que prácticamente no había manejado, y al resto me lo prestaron en esa iglesia. En todo mi camino recibí ayuda de la gente que me rodeaba, y que por algún motivo confió en eso que yo veía”, admitió Benitez.

En el centro, el negocio explotó con los TV a color usados. Resulta que la tradicional tienda Casa Rizzi canjeaba las teles rotas por nuevas, y Benítez se las compraba, las reparaba, y las vendía usadas. Le fue bien, y marcó un hito con DRB: cuando se abrieron las importaciones, asegura, fue el primero de la ciudad en importar electrónica. La traía de Chile.

Así incorporó al Servicio Técnico la venta de electrodomésticos, hasta que, como diría el protagonista, empezó a apretar el cinturón. Se había divorciado, había tenido que vender propiedades. “Fue una época dura”, recuerda. Un domingo de pastas en familia sacó de la galera otro negocio: el queso rallado. Los comienzos fueron otra vez de abajo, fraccionando hormas para vender a precio competitivo.

Así cuenta Benitez que nació la empresa que maneja hoy, Grupo Vidalac. Sin glamour, con pasión de comerciante, repartiendo en almacenes y afinando el lápiz para pelear el margen.

Tres décadas de diversificación

Años más tarde la producción de leche en polvo lo llevó a proveer a miles de comedores, escuelas y distribuidoras en todo el país.

En épocas de motosierra, invirtió para que el queso y la leche no sean los únicos huevos en la canasta de Vidalac. En un año y pico amplió la cartera hasta llegar al catálogo actual, basado en la primera necesidad. “Me interesa fabricar alternativas económicas de productos que suelen ser caros en góndola. Por eso arranqué a fabricar el arroz saborizado marca 8 platos, entre otros productos a nivel competitivo”, le dijo a Punto biz.

Por el mismo motivo empezó a producir premezclas sin gluten (VidaSinTacc). “Me diagnosticaron celiaquía y cada vez que iba a comprar comida sentía que pagaba precios abusivos. Así que empezamos a producir nuestros propios productos de alta calidad y mejor precio”, acotó.

El año que viene volverá a probar suerte, esta vez con la venta a comercios directa de fábrica. Menos intermediarios, poco margen, mejor precio. A largo plazo, dice, sueña con producir materia prima y cerrar el círculo productivo. Y también tiene en carpeta replicar el modelo afuera, instalar un centro de distribución en España, por ejemplo, un mercado en el que abundan los argentinos peleando el mango.

Benitez fundó Vidalac a sus 30 años y hoy tiene 60. En los meses de temporada alta la empresa produce 3.000 toneladas de alimentos, que se consumen en 17 provincias argentinas.

“Una cosa más”, se anticipó hacia el final de la nota. “Mi experiencia me demostró que para tener una empresa hay que tener fortaleza psicológica. Se festejan los logros, pero también se pasan muchísimas noches sin dormir”, concluyó el industrial.

De cero a cien: un emprendedor que nunca paró de crecer

Cómo un chico que reparaba radios se convirtió en el dueño de una industria alimenticia, con dos plantas y un centro logístico en construcción.

DARÍO BENÍTEZ (GRUPO VIDALAC)

DARÍO BENÍTEZ (GRUPO VIDALAC)

Cuando no trabaja le gusta… navegar

Su primer empleo fue… su propio taller de reparación de radios

Su mayor error fue.. confiar demasiado en la gente

Qué haría con u$s1 M extra: invertirlo en Vidalac

Si no fuera empresario, sería… soy emprendedor, en cualquier otra cosa me aburriría en dos días

Una frase: La experiencia del emprendedor no se compra con plata, y viene con chichones

TOP 10 PROTAGONISTAS

Por MARIANELA BOCANEGRA