Minería, oil & gas, un negocio que cobra forma Junio 2026 | Page 30

La minería atraviesa una etapa de fuerte protagonismo en la agenda económica argentina. Impulsada por las inversiones en litio, los grandes proyectos de cobre y la creciente demanda global de minerales críticos para la transición energética, el sector se consolidó como una de las principales apuestas para generar exportaciones y atraer capitales. Pero para Pedro Butazzoni, consultor especializado en comunicación estratégica y asuntos públicos, el desafío no pasa únicamente por desarrollar proyectos, sino también por construir legitimidad social. En diálogo con Punto biz, analiza el cambio en la percepción pública de la actividad, los errores de comunicación de la industria y las condiciones que necesita Argentina para transformar su potencial geológico en desarrollo sostenido.

-La minería atraviesa uno de sus mejores momentos en términos de aceptación social. ¿Qué factores explican ese cambio de percepción en la Argentina?

–Creo que hay varios factores. El primero es que la situación económica del país hizo que mucha gente empiece a mirar con más atención aquellas actividades capaces de generar inversión, empleo y exportaciones. La minería pasó de ser un tema relativamente lejano a convertirse en una oportunidad concreta para muchas provincias. También hubo un proceso de maduración. Hoy existe más información, más proyectos en producción y más experiencia acumulada. En provincias como Salta, Jujuy o Catamarca, la minería ya no es una promesa, sino una actividad que la gente puede ver y evaluar en función de resultados concretos. Y hay un tercer elemento que me parece importante: el contexto global. La demanda de minerales vinculados a la transición energética ayudó a que la minería empiece a ser vista como parte de una agenda de desarrollo y no únicamente desde una mirada extractiva.

-Sostenés que la minería necesita una narrativa propia. ¿Qué está comunicando mal la industria y qué debería empezar a contar de otra manera?

–La minería muchas veces sigue comunicando como si estuviera hablando únicamente con especialistas. Presenta datos, inversiones, toneladas producidas o cifras de exportación, pero hoy las personas construyen sus opiniones de otra manera. La información se consume en redes sociales, en videos cortos, a través de referentes en los que confían y mediante historias concretas que conectan con su realidad cotidiana. No alcanza con tener razón técnicamente si no se logra construir un relato que sea comprensible, cercano y relevante para la sociedad. Una inversión de mil millones de dólares puede ser una gran noticia para la industria, pero para la mayoría de las personas la pregunta es otra: qué cambia eso en la vida de la gente, qué oportunidades genera, quiénes se benefician y qué impacto tiene en el territorio. Además, la minería suele comunicar mucho desde las instituciones y poco desde las personas. En este sentido, creo que existe una oportunidad enorme para fortalecer vocerías. No solamente gerentes o directivos, sino trabajadores, proveedores, docentes, estudiantes, emprendedores o vecinos que puedan contar en primera persona cómo interactúan con la actividad. Las historias generan más confianza que los discursos corporativos. Por supuesto, también hay un desafío de formatos.

-Las formas de comunicar han cambiado.

–Muchas veces se siguen utilizando herramientas pensadas para una comunicación más tradicional, cuando hoy gran parte de la conversación pública ocurre en plataformas digitales. La industria necesita aprender a comunicar en los lenguajes que la sociedad ya utiliza, con contenidos más ágiles, visuales y humanos. Y por último creo que hay algo todavía más profundo: la minería necesita construir una narrativa propia. Sigue siendo una actividad reactiva. Buena parte de la conversación está marcada por responder críticas o discutir temas puntuales. La industria tiene que ser capaz de explicar cuál es su aporte al desarrollo del país, qué rol juega en la transición energética, cómo transforma economías regionales y por qué puede ser una oportunidad para las próximas generaciones.

-En provincias que no tienen tradición minera, como Santa Fe, ¿qué desafíos enfrenta la actividad para construir consenso y legitimidad social?

–El principal desafío es que la minería suele ser percibida como algo lejano. Cuando una provincia no tiene proyectos mineros en su territorio, muchas veces el debate se construye sobre información parcial, estereotipos o experiencias de otros lugares. Por eso es importante ampliar la conversación. La minería no es solamente lo que ocurre en una mina. También involucra industria, tecnología, logística, servicios profesionales, innovación y una enorme cadena de proveedores que puede desarrollarse en distintas regiones del país. En provincias como Santa Fe hay una oportunidad interesante porque cuentan con capacidades industriales muy valiosas. El desafío es mostrar que la minería puede generar oportunidades económicas concretas para empresas y trabajadores locales, aun cuando la extracción ocurra a cientos de kilómetros de distancia.

-La expectativa económica que genera la minería corre el riesgo de sobredimensionarse. ¿Cómo se administran esas expectativas para evitar frustraciones futuras?

–Sí, existe ese riesgo. La minería tiene un enorme potencial, pero no es una solución mágica ni inmediata. Entre un descubrimiento, la exploración, la construcción y la puesta en marcha de una mina pueden pasar muchos años. A veces el debate público se mueve con tiempos mucho más cortos que los de la industria y eso genera expectativas difíciles de cumplir. Cuando se anuncian inversiones multimillonarias, muchas personas esperan ver resultados inmediatos y eso rara vez ocurre. Por eso la clave es la honestidad. Hay que comunicar mejor los tiempos de los proyectos, los riesgos que existen y los beneficios que pueden esperarse en cada etapa. La minería puede aportar muchísimo al desarrollo argentino, pero necesita ser presentada con realismo y no como una promesa de prosperidad instantánea.

-Con el RIGI y la llegada de nuevas inversiones, ¿qué condiciones políticas, institucionales y de infraestructura faltan para que Argentina aproveche plenamente la oportunidad minera?

–Primero hay que entender que Argentina no tiene condiciones únicas. Competimos con muchos países que también cuentan con recursos minerales y buscan atraer inversiones. En segundo lugar, hay que tener presente que la minería es una industria de largo plazo. Un proyecto de cobre puede necesitar cerca de 15 años para entrar en producción. Por eso la previsibilidad es un factor determinante. En ese contexto, el RIGI envió una señal importante a los inversores. Fue una herramienta que ayudó a generar confianza para que se animen a hundir capital en un país que históricamente mostró niveles elevados de inestabilidad macroeconómica y jurídica.

-¿Con el RIGI alcanza?

–No alcanza. Hay desafíos institucionales importantes, como fortalecer las capacidades del Estado para gestionar el crecimiento de la actividad, agilizar procesos y garantizar reglas claras y estables en el tiempo. También está el tema de la infraestructura, que probablemente sea uno de los principales cuellos de botella. Energía, rutas, ferrocarriles, pasos fronterizos y conectividad son aspectos centrales para que los proyectos puedan desarrollarse de manera competitiva. Y no solamente para la minería, sino para todas las actividades productivas del país. Sin embargo, creo que el mayor desafío pasa por desarrollar una cadena de valor fuerte y competitiva. Lo que no nos puede pasar como país es que la minería se convierta en una economía de enclave que no genere valor agregado ni se integre con el resto del entramado productivo.

La clave está en lograr una articulación real con la industria, las universidades, los centros tecnológicos y las empresas proveedoras. Que exista transferencia de conocimiento, innovación y desarrollo de capacidades locales. Me parece que buena parte del futuro de la industria se juega ahí: en si somos capaces de transformar el enorme potencial geológico que tiene Argentina en desarrollo económico sostenido para las próximas décadas.

El consultor sostiene que la actividad logró mejorar su aceptación social, pero

aún enfrenta el desafío de explicar qué impacto tiene en la vida de las personas.

ENTREVISTA A PEDRO BUTAZZONI

“La minería tiene que dejar de responder críticas y construir su relato”

Para Butazzoni, la minería empezó a ser vista como parte de una agenda de desarrollo.

“La minería involucra a una enorme cadena de proveedores”, asegura Butazzoni.

El consultor Pedro Butazzoni.

Por ARIEL ECHECURY