Durante mucho tiempo, el alquiler temporario fue un actor secundario del mercado inmobiliario rosarino. Un formato marginal, asociado casi exclusivamente al turismo, a estadías muy breves y a una circulación mínima de unidades. Nada que alterara demasiado el equilibrio general. Eso empezó a cambiar. Sin ser un boom, sin abrir grandes conflictos, pero con una presencia cada vez más visible.
Hoy el alquiler temporario crece en Rosario, aunque lo hace de una manera distinta a la que muchos imaginan. No se trata de una explosión de alquileres por noche o por fin de semana, sino de un corrimiento hacia estadías más largas. Contratos de tres o seis meses, pensados para resolver situaciones puntuales y evitar atarse a compromisos de largo plazo, son el verdadero motor de esta tendencia.
El perfil del inquilino también se modificó. Ya no es, en su mayoría, el turista ocasional. Aparecen estudiantes que llegan a la ciudad para iniciar una carrera y prefieren “probar” antes de firmar un contrato tradicional; trabajadores que desembarcan por proyectos temporales; personas que buscan flexibilidad y valoran no tener que invertir de entrada en muebles, electrodomésticos o mudanzas. El temporario funciona como una puerta de entrada: si la experiencia cierra, luego vendrá el alquiler clásico.
Ese crecimiento que existe desde hace años en plazas como la de Ciudad de Buenos Aires, todavía moderado, empieza a generar un murmullo que se escucha más en los pasillos que en la calle. Los conflictos no estallan en la agenda pública, pero sí en la vida cotidiana de los edificios. Consorcios que discuten el tema, vecinos que se quejan por la rotación de ocupantes y propietarios que descubren, a último momento, que no todo está tan claro como parecía.
¿Está prohibido el alquiler temporario en Rosario? No. Al menos no de manera general. La ciudad cuenta con una ordenanza que regula esta modalidad, establece condiciones de habilitación y crea un registro específico. El problema es que la norma convive con un bajo nivel de cumplimiento y con plataformas digitales que no exigen acreditar esa habilitación para publicar una unidad.
El fenómeno avanza en Rosario, por ahora sin hacer ruido, pero empieza a generar preguntas incómodas en los consorcios y a tensar, de a poco, las reglas de convivencia urbana. El alquiler temporal sigue su marcha silenciosa, aunque cada vez menos invisible.
El avance silencioso
del alquiler temporario en Rosario
(Sigue...)
EN PRIVADO
Por ARIEL ECHECURY
El alojamiento temporal gana terreno de la mano de estadías más prolongadas.