Fierros y ropa fueron los emergentes que quedaron en el foco de una encendida polémica sobre el modelo productivo de la Argentina.
El poderoso Paolo Rocca, líder de Techint, salió a cuestionar la falta de protección contra las importaciones tras quedar excluido en una millonaria licitación privada para proveer caños para un gasoducto de Vaca Muerta. Techint había ofertado con un sobreprecio del 40% y al perder intentó renegociar, pero un holding de petroleras (que incluía YPF), le dijo que no y el negocio se lo quedó un competidor indio.
A Rocca lo cruzaron desde el gobierno y el debate se politizó, pero un dato fue irrebatible: las petroleras pagaron casi la tercera parte de lo que se pagó tres años atrás en una licitación pública.
El dato de lo caro que se paga el acero es harto conocido en la región de Rosario, a partir de quejas históricas de pymes metalúrgicas obligados a pagar precios que le restan competitividad, encarecen sus productos frente a los importados y a la vez les impide exportar. Un círculo vicioso que en una economía cerrada termina siendo pagado por los consumidores y que resulta insostenible en un esquema aperturista.
Acostumbrados a cazar en el zoológico, el rubro textil manejó por años precios a su antojo y la ropa argentina se hizo famosa no por su diseño sino por cobrar precios muy por encima de lo que se paga en el resto del planeta. Con el negocio de las Siras, los importadores introducían su mercadería al país aplicando tasas de ganancia de 800% o más, no sea cosa que los precios fueran a desentonar con lo de la producción local. Y la diferencia, clin caja.
Los propios empresarios del sector admiten públicamente que se les fue la mano. Ahora ponen el grito en el cielo cuando los consumidores aprovecharon la apertura hacia el comercio digital de Shein y Temu. El consumidor se arriesga a productos que quizás no sean de buena calidad y a los inconvenientes de las compras a distancia, con tal de escapar de la jaula. Y los precios domésticos se van sosegando.
Es cierto que los impuestos, costos laborales y logísticos obligan a las empresas a transitar por una delgada línea roja. Quizás la reforma laboral pueda empezar a enderezar las cosas, aunque poco se habla del más distorsivo de los impuestos, el de ingresos brutos, un trámite que requiere de la voluntad de gobernadores poco dispuestos a ajustar sus gastos.
A la industria conviene cuidarla, en particular aquellos sectores que brindan más empleo, aunque no a cualquier precio. Es hora de decir basta al maldito rito de cortar el hilo por lo más delgado, y que la gente lo pague.
Que el hilo deje de
cortarse por lo más
delgado
Por GABRIEL GONZÁLEZ
Director de Punto biz
Paolo Rocca ofertó caro en una licitación, la perdió y se armó polémica.
NOTA DEL EDITOR