Tras ser parida por un grupo de personalidades ligadas a la actividad agropecuaria en medio de la crisis de 2001, Bioceres Crop Solutions (Biox) fue por años la “niña mimada” entre los emprendimientos de la región.
Supo marcar el camino de la biotecnología como una fórmula eficaz para asegurar mayor valor agregado a la producción del campo y también supo hallar en la gestión público-privada una herramienta para resolver el financiamiento de proyectos tortuosos y de largo plazo como el de la investigación.
Con ese handicap consiguió el aporte de inversionistas internacionales y se anotó en la carrera para convertirse en un nuevo unicornio argentino, el único ligado a una actividad tan estratégica para la Argentina como el agro. En ese tren, en el año 2021 llegó a cotizar en el mercado Nasdaq de Nueva York, y su acción llegó a valer u$s 6,55 en febrero de 2025. Pero a su trigo transgénico HB4 -su carta más fuerte- le costó más de la cuenta traspasar barreras regulatorias de los mercados. Hasta 2024 la firma mantuvo su crecimiento, aunque con un alza modesta del 11%.
Un escenario internacional adverso para el financiamiento de la biotecnología se sumó al default de la argentina Bioceres SA (de la cual se escindió a las apuradas), lo que terminó por provocar un derrumbe bursátil que hundió por debajo del dólar, quedando a riesgo de ser barrida del indicador neoyorquino.
Habrá que evaluar cuáles fueron las responsabilidades en la empresa liderada por Federico Trucco, que hoy quedó en la mira junto al fondo de inversión provincial SF500, que lo tiene como socio principal.
Con el derrumbe bursátil de Bioceres crece la polémica sobre las responsabilidades.
Bioceres: caída a pique, frustración y grandes interrogantes
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