A diferencia de lo que ocurrió en los 90 –cuando una porción significativa de la sociedad defendía a capa y espada las empresas estatales– el gobierno nacional avanza casi sin resistencias con la privatización de empresas del Estado, muchas de ellas deficitarias.
Las privatizaciones tiene un fuerte sesgo ideológico, porque fue parte esencial de la propuesta del presidente Javier Milei en las elecciones de 2023, pero esta segunda liquidación de “las joyas de la abuela” vienen también a oxigenar los pagos de deuda, con un horizonte que se presenta como complicado para 2027, un año temido por la realización de elecciones.
La consistencia económica del programa económico del ministro Luis Caputo depende a esta altura del partido de la consolidación del superávit fiscal y de que se despejen las dudas sobre la capacidad de pago de la deuda. Así, la reactivación del plan de privatizaciones y concesiones de empresas públicas dejó de ser una bandera estrictamente ideológica para convertirse en una herramienta de ingeniería financiera urgente.
El Banco Central ha venido acumulando reservas a buen ritmo, pero es sabido que los ingresos de exportación disminuyen en la segunda parte del año. Durante el primer semestre la recaudación nacional cayó 6% en términos reales, con niveles de actividad económica que si bien crecen lo hacen en forma desigual y sin explotar. Y como existe escaso margen para profundizar el ajuste del gasto público, la venta de activos estatales actúa como un amortiguador.
Financiar los desequilibrios de empresas públicas representan una sangría que obliga a emitir o endeudarse. Al colocarla a privados, el gobierno alivia el gasto corriente y, además, suma ingresos por canon que le permite acumular dólares en las reservas. La cartera económica aspira a captar unos u$s 2.300 M de aquí a las elecciones. Esos ingresos pueden darle margen a la administración para evitar abrirse a los mercados internacionales cuando el riesgo país sigue por encima de los 400 puntos y la tasa de referencia permanece elevada, en torno al 4,5%.
La más grande de las privatizaciones, la de la hidrovía, no le dejó plata al fisco, porque se apostó a mejorar la competitividad exportadora. Pero en el listado de las empresas a colocar incluye algunas con decisiva presencia en la región de Rosario. Tal es el caso del Belgrano Cargas, estratégico para potenciar el arribo de granos y minerales desde el norte del país, cuyos pliegos están a punto caramelo para salir al ruedo. Se espera colocar antes de fin de año, si todo marcha sobre rieles. También está enlistada la central térmica de Timbúes.
Nuevas joyas de la abuela vienen a calmar las finanzas
Por GABRIEL GONZÁLEZ
Director de Punto biz
NOTA DEL EDITOR
Belgrano Cargas, una empresa que despertó el interés de los privados.