Aunque falta más de un año para las presidenciales, el clima electoral ya invadió el escenario de la Argentina, con todo lo gravoso que ello significa en términos de incertidumbre.
Algunos números macro, en particular los financieros, siguen dando bien: el gasto público cayó un 7% en los últimos doce meses, la balanza comercial arrojó en mayo un superávit de u$s2.100 M, las reservas del Banco Central superaron los u$s50.000 M y el índice de precios al consumidor parece retomar un camino a la baja, alimentado por el 0,8% de inflación mayorista reportado en junio.
Aún así, los mercados comenzaron a hacer su juego, y buenas razones tienen. Aunque el presidente Javier Milei conserva hoy una imagen positiva por encima del 35%, lo que le permitiría ser el más votado para obtener su reelección en 2027, no es seguro que pueda obtener un triunfo en primera vuelta. Decae la aprobación de su gestión, si bien con altibajos propios de un efecto serrucho, porque las pérdidas del poder adquisitivo golpean especialmente sobre los sectores medios que definen las elecciones.
Como los números siguen siendo adversos para la industria, la construcción y el comercio tradicional, es difícil pensar en un efecto bonanza en el corto plazo, más aún con la presión de los mercados que ya hicieron trepar unos 100 puntos el riesgo país. Sin embargo, y pese a que las previsiones de crecimiento del PBI siguen a la baja, se tendrá al cabo de un año no electoral una cifra por arriba del 2%. Pero con eso no alcanza.
El manual del político tradicional impondría un “plan platita” para salvar la coyuntura, pero Milei está dispuesto a resistir con las botas puestas. “No vamos a subsidiar a los bancos si se equivocaron al dar préstamos”, enfatizó en el aniversario de la Bolsa de Rosario.
Alertados por las debilidades del gobierno, desde el establishment y los medios se foguean planes B: desde apurar el acuerdo entre el oficialismo y el PRO, hasta buscar candidatos por derecha como Daniel Hadad y Jorge Brito, que por ahora amenazan más con complicar la primera vuelta electoral al oficialismo que convertirse en outsider con posibilidades reales.
Ubicado en el centro del ring electoral, Milei apuesta a la polarización y contragolpea: “¿Vamos a volver al pasado y comernos las operetas del socialismo del siglo XXI? O nos ponemos los pantalones largos o nos fundimos”. El gran interrogante es saber si la apelación a futuro podrá revalidarse en ausencia de estímulos materiales.
Ortodoxia, la única receta de Milei para ir por su reelección
Por GABRIEL GONZÁLEZ
Director de Punto biz
NOTA DEL EDITOR
A pesar de los contratiempos, Milei está dispuesto a resistir con las botas puestas.