Top 100: los ranking de exportación e importación. Octubre 2025 | Page 31

Aunque no es nuevo que los empresarios organicen viajes de negocios en grupo, es un símbolo de época que el networking se traslade de un restaurante de Funes a uno en Guangzhou, capital manufacturera de China, y que en los eventos corporativos se trafiquen datos de traductores, asesores y proveedores de confianza.

Según los números que maneja la Cámara de Comercio Argentino China sobre la Feria Cantón, entre la edición de octubre del 2024 y la de abril del 25, los pedidos de visa aumentaron un 90% en nuestro país. Cerca de cuatro mil compradores argentinos participaron de la última edición de la exposición de importados más grande del mundo (tiene 1.18 millones de metros cuadrados, casi como 300 estadios de fútbol). Seguramente serán muchos más en la que viene porque China acaba de eliminar el visado para argentinos, un trámite engorroso para la ajustada agenda empresaria.

Incentivos, sobran. El acero, por ejemplo, se compra alrededor de un 40% más barato en China. Miguel Fantinatto, de la constructora Mecall, con base en Villa Gobernador Gálvez, recuerda cómo años atrás se maravillaban con su grupo de amigos industriales del Gran Rosario cuando entraba un modelo de perfilería china que no estaba en el mercado: “Cuando vas a Guangzhou ves que ese perfil que en su momento te pareció novedad es uno en un millón de posibilidades”, contó. Aunque ya conocida, la escala aún abruma.

La política de apertura de importaciones que viene implementando el Gobierno cambió el tablero para las pymes, que están tratando de encontrar un esquema para adaptarse a la nueva realidad, sobrevivir y competir.

A la eliminación de los permisos SIRA primero, los SEDI después y los CIBU -cuya supresión permite el ingreso de maquinaria importada usada-, se sumó la reducción del arancel para importar una batería de bienes de capital estratégicos del 20%-35% a un 12,6% (alineándose con el techo del Mercosur), se eliminó el impuesto Pais y se simplificaron los trámites de control aduanero.

Tras las medidas sobrevinieron algunas perlitas que son noticia en el mundo de los negocios. Por ejemplo, la fábrica de ollas de fundición venadense Essen, que lidera cultivando un perfil tradicional, basado en la cocina casera y los productos que duran varias generaciones, este año empezó a fabricar robots de cocina en China. Su primer producto “enchufable” en 45 años es diseñado en Argentina y manufacturado en Cantón.

A escala local, Silvana Dal Lago, la dueña de Sonder -marca de ropa deportiva hecha en Rosario- se está asociando con una cooperativa de calzado local para coordinar la producción en Asia de una línea de zapatillas, un segmento aún inexplorado.

“Mantuve a todos los proveedores nacionales que tuve siempre porque siento que no hay otra forma de empujar la reactivación que invertir en el país. Por eso, nos pareció una buena opción armar una unidad de negocios nueva, que no implica desarmar lo que se fabrica acá. Al contrario, si un día nos conviene fabricar zapatillas acá, podemos hacerlo”, le contó la empresaria a Punto biz.

La otra cara de la misma moneda: también se flexibilizó la entrada de productos terminados, se dejaron caer leyes antidumping y protecciones arancelarias (el caso más resonante fue el de los termos, por la cruzada de Sturzenegger contra Lumilagro), se amplió el límite para las compras vía courier y se habilitaron franquicias para hasta cinco importaciones anuales.

Ese levantamiento de barreras provocó el boom de compras en Temu y Shein, pero ya con algunos números del fenómeno en mano, el cambio que trajeron esas plataformas, hasta ahora, es más cultural que incidente a nivel económico.

Yendo a las cifras, las importaciones de bienes despachados a través de servicios postales (couriers) que traen cosas desde China acumularon u$s315 M durante el primer semestre del año, de acuerdo con EconViews. Pero, con el desembarco de los gigantes del ecommerce y todo, las compras online en Argentina representan apenas el 12% del total de las transacciones minoristas. Es un terreno mínimo, pero en expansión: partieron de cero y hoy el 22% de los argentinos ya compró en Temu o Shein.

Superávit al filo

El termómetro de la balanza comercial marca “fiebre”: de enero a julio, las importaciones de bienes registraron un crecimiento interanual real del 35%, totalizando casi u$s43.500 M (medido en dólares constantes). “Este incremento se explica, en parte, por una recuperación en el nivel de actividad económica respecto al mismo período del año anterior”, opinó el economista jefe de BlackToro Global Investments, Fernando Marengo.

También crecieron las ventas al exterior en ese período, pero mucho más lento: sumaron un 7% interanual (acumularon u$s47.230 M). “El resultado sigue siendo superavitario, pero el año pasado teníamos un saldo a favor de u$s15.000 M y este año son u$s5.000 M. Suena lógico. Siempre el crecimiento de las exportaciones requiere de un plazo mayor. Las empresas se tienen que preparar a nivel certificaciones, trámites, tienen que abrir mercados, adaptar productos. Nada de eso se hace de un día para el otro”, señaló Gabriel Pogliani, a cargo del departamento de Economía de Fecoi.

Analizando los datos por uso económico, el mayor crecimiento porcentual se dio en los autos: los valores de compras en el exterior se fueron a más del doble (+139%) en comparación a los primeros siete meses de 2024. Las compras externas de bienes de capital registraron un incremento del 75%, y las importaciones de bienes de consumo evidenciaron un aumento del 73%. Piezas y accesorios y bienes intermedios marcaron un aumento del 34% y 10%, respectivamente, según indica un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario.

“Hoy la matriz importadora se compone en un 75% de bienes de capital (maquinarias) , piezas, accesorios y bienes intermedios (insumos); es decir, la mayor parte de las compras en el exterior están destinadas al sector productivo. Y lo que preocupa, que es la importación de bienes terminados, hoy en día representa un 15% del total. ¿Es mucho, es poco?”, se preguntó. “En realidad es bastante parecido al promedio de los últimos años, que osciló entre 12% y 13%. De hecho, no supera al pico importador de bienes terminados que tuvimos en 2017”, completó.

Es la economía, estúpido

Ahora bien, ¿que la importación de bienes terminados no tenga, hasta ahora, incidencia significativa en la balanza comercial significa que no hay de qué preocuparse? Para Pogliani, el problema no son las importaciones, sino la depresión del mercado argentino.

“Por ahora no parece que la competencia con los bienes del exterior sea importante, pero en un combo, cuando yo veo que tengo caída del consumo, que hay poca actividad económica, que el crédito del sistema financiero es caro y que me mata la presión impositiva, entonces una apertura de las importaciones tiene un impacto mayor. Tiene peso la competencia del exterior cuando tengo problemas domésticos. Es un combo explosivo”, opinó el economista.

La baja de márgenes fue el centro de la argumentación de Roberto Cristiá, dueño de la fábrica de electrodomésticos Crivel. “Las empresas podemos importar para sobrevivir y lo estamos haciendo. El tema es mantener la estructura de personal, algo que hasta ahora logramos a duras penas. Bajaron de precio los electrodomésticos con mayor cantidad de insumos importados y hemos aumentado un 20 o 30% la oferta de ítems traídos de afuera, porque de otra forma estaríamos fuera de juego. Es cierto que algunos proveedores de insumos bajaron los precios, pero no compensa por el gran aumento en nuestros costos de producción y la caída del consumo”, dijo.

El economista Marengo, por su parte, puso el foco en el factor competitividad: “Durante mucho tiempo Argentina tuvo un modelo sustitutivo de importaciones que generó que se desarrollen internamente sectores económicos que no eran competitivos, que vivían en base a medidas paraancelarias. Ahora, en un modelo antiinflacionario, hay que insertar el país al mundo. Ese modelo busca incrementar las exportaciones, pero necesariamente también incrementa las importaciones. Los sectores que sustituían importaciones gracias a medidas proteccionistas son los que más sufren, los otros pueden competir con el resto del mundo”.

Esos raros autos nuevos

El mercado automotor fue el más impactado por la apertura comercial. Se calcula que este año se van a patentar más de 600.000 unidades, con un cambio en la proporción: en 2023, sobre 449.438 autos vendidos, 66.6% fueron de fabricación nacional (aunque siempre con un altísimo grado de componentes importados) y 33.4% importados. Para 2025 se estima que la relación sería del 40/60.

El aluvión de los autos chinos es el costado más marketinero del fenómeno. Este año desembarcó BYD, la mayor fabricantes de autos electrificados del mundo; Maxus, la marca del grupo SAIC que trajo pickups y utilitarios a las expos del campo argentino; Victory, especializada en minitrucks urbanos, y Link&CO, entre otras.

En Rosario, dos apellidos conocidos en el rubro concesionario fueron noticia en este sentido: Giorgi empezó a comercializar la marca británica -de fabricación asiática- MG Motor, y el Grupo González Johansen dio un paso más y se quedó con la representación exclusiva en el país de GAC Motor ( coordinarán la apertura de diez concesionarios -uno en Fisherton- antes de fin de año).

“Hubo tres instancias de cambio para llegar hasta acá”, explicó Franco Giorgi, de Giorgi Automotores. “A principios de 2024, las automotrices de Adefa empezaron a traer modelos que ya no traían. En segundo lugar, resurgieron las importadoras que estaban desaparecidas, como Kia o Hyundai, y en tercer término, aparecieron marcas que no estaban, apalancadas con el incentivo para ingresar autos sin arancel”, estimó Franco Giorgi.

El tema, explicó Giorgi, no es la apertura ni la atomización, sino su combinación con una baja drástica en los márgenes de la actividad. “Somos conscientes de que hasta hace poco vendíamos en el zoológico por la falta de oferta. Teníamos clientes en lista de espera, a pesar de que los autos eran artificialmente baratos, subsidiados por la brecha. Cuando a las terminales les aumentaron los costos de fabricación, lógicamente aumentaron los precios, pero aún así no se pudo trasladar el aumento real y se generó el primer desfasaje. Hoy estamos vendiendo un 40 o un 50% más que el año pasado, pero el volumen no llega a compensar la rentabilidad”, explicó el empresario.

Ante una competencia feroz, surge el valor de la posventa. “Las automotrices chinas tienen nulo servicio de posventa, y para el cliente argentino es un valor fundamental. Ahí está nuestra ventana de oportunidad”, concluyó Giorgi.

Cuánto del aluvión importador fue para consumo, cuánto para insumos y cuánto para

equipamiento. El boom de las plataformas y la llegada de los autos chinos.

UN DEBATE CRUCIAL

Importaciones: el juego

de las firmas locales

dentro del nuevo esquema

La matriz importadora se compone en un 75% con bienes de capitales.

Por MARIANELA BOCANEGRA

El termómetro de la balanza comercial marca “fiebre”: de enero a junio, las importaciones de bienes registraron un crecimiento interanual del 35%.