Top 100: los ranking de exportación e importación. Octubre 2025 | Page 35

El universo exportador de Santa Fe tiene protagonistas bien conocidos: aceiteras, automotrices, metalúrgicas, frigoríficos y lácteas. Sin embargo, más abajo en la tabla –aunque con una performance nada desdeñable– se cuela un grupo de empresas de base científica que lograron conquistar y mantener en los últimos años mercados exigentes con productos de altísimo valor agregado. Se trata de los laboratorios Terragene, Wiener Lab y Zelltek, tres compañías que, desde polos tecnológicos de Rosario, Alvear y el Gran Santa Fe, representan la cara más sofisticada del entramado industrial provincial.

Según el último ranking de exportaciones elaborado por Punto biz a partir de datos de Aduana, Terragene figura en el puesto 319, con ventas externas por u$s25,7 M FOB y 779.265 kilos exportados. Le sigue Wiener Lab, que ocupa el puesto 398 con u$s18,8 M y 395.279 kilos, mientras que Zelltek, controlada por el holding Amega Biotech, aparece en el 593, con envíos por u$s10,6 M. Tres laboratorios que, en conjunto, suman más de u$s55 M en divisas genuinas generadas por la economía del conocimiento santafesina.

Exportar ciencia desde

el sur de Santa Fe

En Alvear, dentro del Micro Parque Industrial (MicroPI), Terragene consolidó una estrategia global que hoy le permite vender a más de 70 países sus productos para control de infecciones y esterilización hospitalaria. Su CEO, Esteban Lombardía, reconoce que el atraso cambiario golpea directo en el corazón de su negocio. “El 97% de nuestra facturación proviene de las exportaciones. Por lo tanto, cualquier atraso del tipo de cambio nos pega de lleno”, explica.

El empresario describe un fenómeno estructural: las empresas biotecnológicas exportadoras, a diferencia de los complejos agroindustriales, no venden commodities sino conocimiento, y eso exige políticas diferenciadas. “No cuesta nada al Estado pensar en un tipo de cambio especial para las firmas que no exportan granos, sino productos que demandan años de investigación, certificaciones FDA o ISO y enorme inversión en propiedad intelectual”, sostiene.

Lombardía advierte que mantener los mercados conquistados es una batalla diaria. Esa estrategia defensiva tiene consecuencias: menos recursos para I+D, para marketing o para innovación tecnológica. “Podríamos haber exportado mucho más, invertido más en investigación o creado 100 puestos nuevos de trabajo si existieran políticas finas, estables, que acompañen a las pymes exportadoras”, asegura.

A pocos kilómetros, en Rosario, Wiener Lab sigue marcando el pulso del diagnóstico clínico argentino. Fundado hace más de seis décadas, el laboratorio que hoy conduce la segunda generación de la familia Rojkin también tiene su propio mapa global: exporta a 50 países, con filiales propias en casi toda Latinoamérica y presencia creciente en Asia, África y Medio Oriente.

“En nuestro caso, la mitad del volumen total de ventas se destina al exterior. Tenemos estructuras propias desde México hasta el Cono Sur, lo que nos permite operar con mayor control comercial y logístico”, explica Guillermo Rojkin, titular de la compañía.

Los destinos recientes que incorporó la empresa dan cuenta de su ambición: Indonesia, Vietnam, Pakistán e India se sumaron al portfolio exportador durante los últimos dos años. “Abrir un nuevo mercado es un proceso largo, que incluye registros sanitarios, validaciones técnicas, ferias y ensayos de compatibilidad. Cuando finalmente lográs concretar la primera venta, llevás años de trabajo detrás”, subraya.

Wiener Lab, que ocupa el puesto 398 del ranking santafesino, logró sostener un crecimiento moderado incluso en plena restricción cambiaria. “Los costos crecen más rápido que los ingresos y es muy difícil trasladar a precios esos aumentos, así que resignamos rentabilidad para no perder competitividad”, admite Rojkin.

Aun así, el laboratorio no detiene su ritmo inversor. En los últimos meses avanzó en el diseño de un nuevo centro de capacitación y entrenamiento en su sede de calle Riobamba, que funcionará como espacio para formación técnica de clientes y personal profesional. En paralelo, la compañía continúa con el proyecto de relocalización integral sobre un terreno de 9 hectáreas en Wilde y autopista a Córdoba. Allí planea unificar operaciones en un único campus tecnológico.

A pesar de las turbulencias, Terragene cerrará el año con una inversión cercana a u$s 4,5 millones destinada principalmente a bienes de capital y equipamiento para sus líneas productivas. “Cada vez que crece la demanda externa, tenemos que acompañar con más capacidad instalada y con tecnología de punta”, explica Lombardía.

La empresa, que desarrolla y fabrica desde indicadores biológicos hasta software para control de esterilización, combina investigación científica con ingeniería industrial. Buena parte de sus equipos y maquinarias son diseñados y construidos dentro de la propia compañía. “Contamos con un departamento de automatización que fabrica nuestras propias máquinas a medida. Eso nos permite independencia tecnológica y capacidad de innovación interna”, resalta su CEO.

El grupo, que además integra la marca Protegium –dedicada a la bioinsumos– y la aceleradora Uovo, absorbe 500 puestos de trabajo y mantiene una producción que crece entre 20 y 25% anual, pese a los desincentivos cambiarios. “Sostenemos un promedio de 10 a 12 patentes por año. El esfuerzo de innovación está, pero podría ser mucho mayor si hubiera estabilidad macro y previsibilidad en reglas de juego”, reflexiona Lombardía.

El desafío de un sector

que no vende commodities

Tanto Wiener Lab como Terragene coinciden en que el principal obstáculo no es la falta de demanda externa sino la pérdida de competitividad interna. “Los productos argentinos de biotecnología son reconocidos en todo el mundo por su calidad, pero los márgenes son tan estrechos que cualquier cambio en el tipo de cambio o en los costos internos puede volverte no competitivo de un día para otro”, advierte Rojkin.

En ese sentido, Lombardía propone una diferenciación de política económica: “No puede tratarse igual a quien exporta un grano de soja que a quien exporta un kit diagnóstico o un insumo médico certificado. Son cadenas de valor completamente distintas, que generan conocimiento y empleo calificado”, enfatiza.

El diagnóstico es compartido por toda la industria: el atraso cambiario, la presión fiscal y la burocracia regulatoria operan como un “triple cepo” que limita la expansión.

Zelltek, el otro actor biotecnológico

El tercer integrante del tridente exportador santafesino es Zelltek SRL., con base en el Parque Tecnológico Litoral Centro de Santa Fe. La firma, hoy controlada por Amega Biotech, exporta principios activos biotecnológicos –como interferones y eritropoyetinas– a mercados de América Latina, Europa y Asia.

Los tres laboratorios no compiten entre sí: integran, más bien, un ecosistema de conocimiento que tiene a Rosario y Santa Fe como polos de innovación en biociencias. En torno a ellos orbitan instituciones como el Polo Tecnológico Rosario, la UNR, el Conicet, el Parque Tecnológico Litoral Centro y la UNL que funcionan como vasos comunicantes entre el sistema científico y el tejido productivo. El dato de que tres laboratorios de base científica se ubiquen entre las 600 empresas que más exportan del país –y entre las 400 principales de Santa Fe– no es menor. En una estructura exportadora dominada por commodities, los desarrollos biotecnológicos santafesinos representan una alternativa de diversificación que está lejos de apagarse.

Están lejos de los primeros pelotones dominados por sectores tradicionales, pero

se esfuerzan desde una provincia con ADN científico para mantener mercados exigentes.

CIENCIA CON POTENCIAL

Los laboratorios santafesinos que se abren paso en el ranking exportador

Empresas con base científica lograron conquistar terreno en el ranking exportador.

Por PATRICIO DOBAL

Esteban Lombardía (Terragene) y Guillermo Rojkin (Wiener Lab).

Los productos de biotecnología argentina son reconocidos en el mundo por su calidad.