El crédito comienza a ofrecer mejores condiciones, pero no cualquier deuda debe reemplazarse por otra. La actividad se recupera a distintas velocidades: algunos sectores encuentran oportunidades y otros necesitan recomponer ventas o márgenes. Para las empresas con obligaciones fiscales impagas, el riesgo de un embargo de ARCA puede alterar de golpe la operatoria. Refinanciar permite ganar aire, siempre que la nueva cuota se ajuste a los ingresos y no consuma el dinero necesario para seguir funcionando.
“La primera pregunta no es cuánto debe una empresa, sino si su estructura de deuda es compatible con su capacidad real de generación de fondos”, planteó Cristian Bergmann, socio de la consultora Funes Bergmann a Punto biz. Recomienda proyectar caja, márgenes y vencimientos: una deuda elevada puede ser viable si la firma genera fondos para atenderla; otra menor puede comprometerla si concentra los pagos en el corto plazo.
El diagnóstico separa dos situaciones. Si las cobranzas llegan después de los vencimientos, pero el negocio deja ganancias, el financiamiento puede cerrar esa brecha. Si la operación pierde dinero de manera permanente, el crédito sólo posterga una revisión de costos, precios o modelo comercial.
Lisandro Nasini, director ejecutivo de Nasini SA, añadió otras dos situaciones: si los bienes que produce la empresa compiten con importados o dependen exclusivamente del mercado local. Para las primeras, la competitividad del producto pasa al centro de la estrategia; para las segundas, una caída de demanda exige revisar costos sin perder capacidad para atender una recuperación.
La respuesta tampoco tiene por qué comenzar en una ventanilla bancaria. Acortar los plazos de cobro, vender inventario inmovilizado –incluso con un menor margen, si la urgencia lo justifica– y negociar con los proveedores la posibilidad de contar con más tiempo libera fondos. Nasini observó que, en determinadas circunstancias, incorporar socios o asociarse con otra empresa puede aportar capital y escala.
El financista sugirió medir cuánto tiempo permanece la mercadería en depósito, cuándo pagan los clientes y cuándo vencen las facturas de los proveedores. Si esos plazos pueden corregirse comercialmente, la mejora llega sin abrir una línea de crédito. Si la caja sigue en rojo, vuelve la pregunta por la rentabilidad del negocio.
Lo barato sale caro
La baja de tasas invita a revisar los préstamos contratados en condiciones menos favorables. Pero cancelar anticipadamente exige hacer la cuenta completa: costo financiero total de la deuda vigente y la nueva, comisiones, impuestos, garantías, penalidades y plazo de devolución. Una tasa menor pierde atractivo si agota la liquidez o adelanta cuotas a las cobranzas.
“Si para cancelar una deuda cara una empresa utiliza recursos que necesita para operar, puede terminar solucionando un problema financiero y generando otro operativo”, explicó Bergmann. En lugar de perseguir únicamente la tasa más baja, propuso reperfilar vencimientos según la generación de fondos y evitar depender de una sola entidad.
Virginia Tarallo, directora de Tarallo SA, puso el foco en las compañías que financiaron inversiones o necesidades permanentes con deuda de corto plazo. Para el manejo cotidiano, señaló que los cheques de pago diferido y los pagarés bursátiles ofrecen rapidez; para proyectos que maduran más lentamente, destacó las obligaciones negociables (ON). “Permiten diseñar esquemas de pago a la medida del flujo de fondos de la empresa”, explicó. Las amortizaciones pueden ser crecientes, decrecientes o desiguales, según cuándo se espera que el proyecto comience a generar ingresos.
Por su parte, Ignacio Rodríguez, director de Hoss, se detuvo en los fondos que la empresa espera recibir. Si dispone de cheques de terceros, descontarlos permite anticipar cobranzas. Si posee inversiones financieras aptas para ofrecer en garantía, una caución tomadora puede darle liquidez por períodos muy breves. Emitir y descontar cheques de pago diferido propios abre una tercera vía, aunque suele resultar más costosa. Rodríguez insistió en precisar cuánto durará el faltante de caja: un bache de días y otro de varios meses no requieren la misma herramienta. Financiarse por más tiempo del necesario implica pagar intereses de más.
El menú se amplía con los avales de las Sociedades de Garantía Recíproca (SGR), útiles para pymes que buscan mejorar el acceso al crédito. Tarallo sostuvo que emitir una ON resulta más accesible de lo que se supone, aunque requiere información financiera. Para firmas con escala corporativa o un volumen constante de créditos por cobrar, mencionó el fideicomiso financiero, cuya estructuración demanda más actores y tiempo.
La demanda inversora también pesa en el costo. Según Tarallo, los fondos comunes de inversión especializados en pymes sostienen el interés por este tipo de emisiones. La tasa depende de la coyuntura, la calificación de riesgo de la firma o sus avalistas y su historial como emisora. La menor liquidez de estos papeles también puede elevar el rendimiento exigido por los inversores.
También importa la moneda en la que se forman los costos. Rodríguez señaló que las empresas con insumos dolarizados pueden evaluar instrumentos de cobertura para dar previsibilidad al precio de reposición. No alcanza, sin embargo, con elegir un producto financiero y olvidarse: el director de Hoss recomendó controlar cada semana el flujo proyectado, los pagos próximos, el tiempo que tardan los clientes en cancelar sus facturas y las variables a las que están atados los pasivos. “Las herramientas financieras resuelven problemas de liquidez, no de rentabilidad”, resumió.
Arca y cuentas
puertas adentro
La deuda tributaria requiere una decisión temprana. Si el atraso deriva en una ejecución fiscal, un embargo bancario puede afectar los fondos con los que la empresa paga salarios, compra insumos o atiende a proveedores. Pero volcar todo el efectivo disponible a cancelar impuestos también puede dejarla sin capacidad para producir y vender.
Bergmann propuso ordenar obligaciones según su riesgo y combinar planes fiscales con acuerdos privados. Recomendó negociar mientras se conservan buenos antecedentes, porque tras un embargo se reducen las opciones. Las cuotas impositivas deben entrar en la misma proyección que salarios, bancos y proveedores para que la solución de un vencimiento no genere otro faltante.
Hay otro frente que suele quedar fuera de los planes de refinanciación: los retiros de los propietarios. Nasini indicó, por su lado, que una firma rentable puede terminar descapitalizada cuando se mezclan sus cuentas con las de sus socios. Para conocer la necesidad real de crédito, recomendó separar activos y deudas personales de los de la compañía, asignar una remuneración a los dueños que trabajan en ella y establecer reglas para distribuir utilidades o realizar aportes de capital.
“Si no sabemos cuánto genera realmente el negocio, cuánto capital necesita y cuánto dinero sale de la empresa para financiar las necesidades de sus socios, es muy difícil determinar cuánto financiamiento necesita realmente una compañía”, recalcó. Ordenar estos números permite distinguir un faltante propio de la operación de otro causado por decisiones de los accionistas.
El último riesgo es llegar tarde. Refinanciar sin corregir el déficit original transforma el alivio en nuevos vencimientos. Para volver a ser sujeto de crédito, la empresa necesita fondos proyectados con realismo, acuerdos que pueda cumplir y datos transparentes. La baja de tasas abre una oportunidad; aprovecharla exige ordenar la caja mientras llega la recuperación.
Obligados a surfear en una coyuntura plagada de peripecias, los hombres de negocios demandan fórmulas para reordenar pasivos y atender los requerimientos del fisco.
NOTA DE TAPA.
CONSULTORÍA FINANCIERA
Los requerimientos financieros se ubican
en la cima de la agenda de las empresas
Por PATRICIO DE GAETANO
Cristian Bergmann, socio de Funes & Bergmann y Lisandro Nasini, director de Nasini SA.
Virginia Tarallo, directora de Tarallo SA y Ignacio Rodríguez, director de Hoss.