se activen sin necesidad de estar aumentando nutrientes externos”, valoró el productor. Otro de los beneficios que destacan es el control de malezas, lo que permite reducir el uso de herbicidas.“ Son semillas muy pequeñas que se siembran entre uno y medio y dos centímetros de profundidad y que, al desarrollar esas plántulas, generan una cobertura muy rápida del suelo y no dejan que entre la luz, evitando que germinen las malezas”, detalló. La carinata es un cultivo de invierno que suele incorporarse en la rotación después del girasol o de la soja de primera, especialmente en determinadas zonas del centro-norte santafesino.
Una semilla que todavía tiene desafíos Aunque los resultados entusiasman, la expansión de estos cultivos todavía enfrenta algunos límites.“ Una de las debilidades es que la planta puede ser susceptible a heladas cuando hay estrés hídrico”, explicó Carignano. Esa situación puede afectar los rindes, aunque aseguró que incluso en campañas complicadas hubo lotes que superaron al trigo tanto en producción como en margen económico. Otro de los problemas es la falta de híbridos disponibles. Actualmente existe una oferta limitada y, en ambientes favorables, las plantas pueden crecer demasiado, alcanzando casi dos metros. Esto hace que la planta se vuelque y complique la cosecha.“ Estamos ensayando productos fitorreguladores para controlar el crecimiento de la planta. Todavía esta-
Mario Carignano, productor y asesor.
mos a mitad de camino, porque es un cultivo que tiene apenas 15 años de desarrollo en el mundo”, señaló. Pese a eso, Carignano está convencido del potencial económico del negocio. Lo compara con experiencias en Uruguay, donde algunas parcelas alcanzan rendimientos de hasta 6 mil kilos por hectárea y precios cercanos a los u $ s500 por tonelada.“ Cuando alcancemos esto en Argentina, desaparece el trigo en esta zona”, anunció.
La infraestructura para sostener el crecimiento Aunque el acuerdo entre Grupo Avril y Nuseed se cerró en 2019, recién este año se probó el procesamiento local de semillas de carinata, evitando exportar toda la producción sin valor agregado. Mientras tanto, las multinacionales que impulsan estos nuevos cultivos avanzan en infraestructura y desarrollo industrial. Bunge exportó entre diciembre y enero el aceite obtenido por 90 mil hectáreas productivas argentinas, distribuidas en ocho provincias. En línea, impulsan alianzas estratégicas para asegurar la
mejora genética y optimizar los destinos comerciales de la producción. A fines de enero, Louis Dreyfus Company inauguró una nueva línea de molienda especializada en su complejo de Timbúes. La compañía invirtió u $ s30 M en una planta capaz de procesar hasta 3 mil toneladas diarias de camelina, carinata, canola y girasol.“ Esta incorporación mejora la eficiencia operativa del complejo durante todo el año y permite integrar una gama más amplia de cultivos a la operación regional”, explicó Fernando Correa, head regional de Oleaginosas de LDC para Latinoamérica Sur y Oeste. La empresa comenzó en 2023 a promover cultivos intermedios dentro de esquemas de rotación agrícola, con foco en brasicáceas como la camelina, junto a Camelina Company, parte del grupo Grapevine Energy.“ Esta alianza está dedicada a expandir el cultivo de camelina en Sudamérica durante la próxima década”, afirmaron desde la compañía. Grapevine Energy cuenta con 19 años de trayectoria en biocombustibles y energías renovables. En 2023 se consolidó como el principal productor mundial de camelina, con más de 25 mil hectáreas contratadas entre Estados Unidos, Sudamérica y Europa. Además de expandir la superficie sembrada, la firma desarrolla nuevas variedades para adaptar la camelina a distintos suelos y esquemas productivos.
Carbono, trazabilidad y agricultura regenerativa Otro de los jugadores que busca po-
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