Después de años de atravesar ciclos de intervención, pérdida de rentabilidad y caída del stock bovino, la ganadería argentina atraviesa un escenario que hace tiempo no se veía. El fenómeno está permeado por precios históricamente altos, márgenes positivos y una expectativa de recuperación que volvió a poner al negocio vacuno en el radar de productores e inversores. Sin embargo, detrás de la euforia también aparecen interrogantes sobre cuánto puede durar este ciclo favorable y si el país será capaz de recuperar un rodeo que lleva años estancado.
Hoy el mercado opera con valores inéditos. El ternero de invernada ronda los u$s4 por kilo, un nivel que rompe todos los registros históricos del negocio. Para tomar dimensión del fenómeno, durante años los precios habituales de la invernada oscilaron entre u$s1,20 y u$s1,70. Incluso alcanzar los u$s2 era considerado un escenario extraordinario. Ahora el mercado trabaja cómodamente por encima de los u$s4. “Estamos en valores que históricamente nunca se habían visto. La invernada está cerca de los cuatro dólares y el consumo está arriba de los tres dólares, que también es una situación muy buena”, sostuvo Raúl Milano, presidente de Rosgan, en diálogo con Punto biz.
La explicación de este fenómeno tiene múltiples factores, pero uno sobresale sobre el resto y es la falta de hacienda. Argentina tiene actualmente unos 49 millones de cabezas bovinas, muy lejos de los 57 o 58 millones que llegó a tener años atrás. Esa caída del stock se produjo tras largos períodos de políticas erráticas, restricciones a las exportaciones, controles de precios y márgenes insuficientes para sostener la actividad. Milano resume el cuadro con claridad. “La oferta está restringida en un país que se ubicó en 49 millones y pico de animales, contra 57 o 58 millones de hace algunos años”, explicó. A eso se suma una demanda internacional firme que sigue absorbiendo buena parte de la producción argentina.
Aunque el consumo interno cayó fuerte en las últimas dos décadas, la carne vacuna sigue siendo culturalmente relevante en el país. El argentino pasó de consumir entre 70 y 75 kilos per cápita por año a niveles cercanos a los 47 o 48 kilos actuales, uno de los registros más bajos de la historia reciente.
Aun así, los especialistas creen que no hay margen para una caída mucho mayor. “No hay manera de que haya una baja grande de precios”, planteó optimista el hombre al frente del mercado televisado. “Culturalmente el argentino sigue comiendo carne y además existe una demanda internacional muy fuerte”, sintetizó.
La cadena bovina tiene además un peso económico y social enorme. Según datos de la Bolsa de Comercio de Rosario, genera cerca de 500.000 puestos de trabajo en el país, de los cuales el 42% corresponde a actividades primarias como la cría y la invernada. En paralelo, el sistema feedlot –engorde intensivo a corral– aporta más del 30% de los animales que llegan a faena y se transformó en una herramienta central para frigoríficos y operadores integrados.
La particularidad del negocio ganadero es que los ciclos son extremadamente largos. Desde que una vaca entra en servicio hasta que el novillo llega a la carnicería pasan, como mínimo, tres años. Eso hace que cualquier proceso de recuperación del rodeo sea lento y requiera previsibilidad de largo plazo.
“Desde que la vaca agarra el toro hasta que el corte está puesto en una carnicería pasan como mínimo tres años”, explicó Milano. “Además, no todas las vacas producen un ternero por año, por lo que el proceso es todavía más lento”, añadió.
Pese a eso, algunos indicadores muestran que el productor comenzó lentamente a cambiar de actitud. La mejora de precios empezó a generar retención de vientres y menor salida de hembras jóvenes, una señal clásica de recomposición ganadera.
“Ha comenzado un proceso de retención. Lo estamos viendo porque empezó a haber bastante menos hembras y menos vaquillonas livianas vendiéndose”, sostuvo el titular de Rosgan. Ese cambio también se refleja en el mayor peso de la hacienda. Hoy aparecen menos lotes livianos y más animales recriados a campo, producto de mejores condiciones forrajeras y de un productor menos urgido financieramente. “Hoy no hay lotes de 140 o 150 kilos. Toda la invernada que se vende es de 180 o 200 kilos hacia arriba”, describió Milano.
Para Alberto Berardi, consultor ganadero, el escenario actual llegó para quedarse, aunque no necesariamente de manera lineal. “Pienso que esto va a quedar. Puede haber alguna pequeña fluctuación, pero hizo crisis el stock ganadero”, afirmó. El especialista marca que el problema estructural es simple: el país tiene prácticamente la misma cantidad de vacas que décadas atrás, pero con una población mucho mayor. “Cuando teníamos 70 u 80 kilos de consumo éramos 30 millones de personas y hoy somos 50 millones. Y las cantidades de vacas son las mismas”, explicó.
Sin embargo, Berardi advierte que el entusiasmo del productor todavía convive con un fuerte nivel de desconfianza. El negocio ganadero requiere inversiones a muy largo plazo y Argentina no ofrece reglas de juego estables. “El productor que hoy retiene una vaquillona tiene que esperar nueve meses para que tenga la cría y después dos años y medio más para venderla. En Argentina pasan demasiadas cosas en tres años”, resumió.
Esa falta de previsibilidad hace que muchos productores todavía mantengan cautela. Si bien hay retención, no se observa una expansión masiva del rodeo. En gran medida, el incentivo actual pasa por aprovechar mejores condiciones climáticas y mayores disponibilidades de pasto. “El productor lo deja engordando porque tiene pasto y no tiene costo. Ese kilo extra son cinco dólares que ganó”, explicó Berardi.
Aun así, la mejora de rentabilidad ya empezó a traducirse en inversiones puertas adentro de los establecimientos. Según Milano, los productores volvieron a destinar dinero a infraestructura básica que durante años había quedado relegada. “Se nota una incorporación en alambrados, aguadas y mangas. Todo eso había estado muy abandonado después de años de descapitalización”, indicó.
La ganadería aparece además como uno de los pocos sectores de la economía que todavía no enfrenta una crisis fuerte de costos. Mientras buena parte de la industria quedó afectada por la competencia importada y la caída del consumo, el negocio vacuno mantiene una posición relativamente sólida. “El ganado fue de los pocos sectores que aumentó cerca de 80% interanual contra una inflación del 31%”, señaló Milano. “Por ahora la actividad no tiene una crisis de costos como otros sectores”.
Otro punto central es el financiamiento. Históricamente, la agricultura concentró la mayor parte de las herramientas crediticias y financieras, mientras que la ganadería quedó rezagada por sus ciclos largos. Ahora empiezan a aparecer instrumentos específicos vinculados a warrants y fideicomisos ganaderos. “Estamos empezando a notar consultas y nuevos instrumentos. La Bolsa está trabajando fuerte en eso”, explicó Milano.
Berardi, en tanto, cree que el gran desafío sigue siendo institucional. Para que Argentina recupere stock bovino y aumente la producción de manera sostenida harán falta muchos años de estabilidad macroeconómica y reglas claras. “No veo una recuperación fuerte del stock sin seguridad jurídica”, sostuvo el consultor. “El productor necesita saber qué va a pasar de acá a diez años para animarse a invertir fuerte”, sumó.
También cuestionó la falta de modernización de buena parte de la cadena cárnica. “Seguimos criando, faenando y comercializando la vaca como en el año 1800”, lamentó. Mientras tanto, el negocio sigue ofreciendo señales positivas. La oferta es escasa, la demanda internacional continúa firme y el consumo doméstico ya tocó niveles históricamente bajos, por lo que el margen para una caída importante de precios parece limitado. La gran incógnita es si este nuevo ciclo favorable logrará transformarse en una política de largo plazo o si volverá a quedar atrapado en la lógica pendular que históricamente caracterizó a la ganadería argentina.
La caída del stock bovino en el pasado y la demanda internacional fueron clave para el repunte de precios. Expertos insisten en que toda la oferta de carne se vende.
¿TENDENCIA A LARGO PLAZO?
La ganadería vuelve
a ser un buen negocio
La oferta está restringida con 49 millones de animales.
Por PATRICIO DOBAL
El consumo interno cayó fuerte.
Raul Milano (Rosgan) y Alberto Berardi (titular de Cifas consultora.).