Adquirió Mattievich
y se encaramó como un gigante de la faena
Tras adquirir el 80% de la histórica empresa familiar, el holding rosarino supera las 10 plantas activas y proyecta un perfil netamente exportador.
GRUPO LEQUIO
GRUPO LEQUIO
Si el 2024 fue un año de resistencia para la industria frigorífica, el 2025 quedará marcado en los libros de historia del sector como el año en que el grupo Lequio decidió redoblar la apuesta y cambiar la escala del negocio en Argentina. En una jugada que sacudió el tablero a mediados de junio, el holding comandado por los hermanos Leonardo y Federico Lequio cerró la adquisición del 80% del paquete accionario del grupo Mattievich, una operación que no solo salvó de la incertidumbre a una estructura histórica, sino que catapultó a la firma rosarina al puesto número uno del ranking nacional por cantidad de plantas operativas.
La maniobra es una “patriada” a contracorriente. Mientras el sector lidiaba con la volatilidad cambiaria y la presión impositiva, Lequio optó por la expansión agresiva. Con la incorporación de las unidades de Mattievich, el grupo Lequio pasó a gestionar un entramado industrial de más de 10 establecimientos.
El acuerdo, sellado en los primeros días de junio de 2025, implica que la familia Mattievich conserva una participación minoritaria, pero cede el control operativo y comercial. “Es una inversión enorme. No compramos todo: quedaron afuera los campos, pero sí asumimos la gestión operativa. Vamos a reforzar la vocación exportadora que nos distingue”, explicó Leonardo Lequio, CEO del grupo.
El dato duro que miran los competidores es la capacidad de faena que acumula ahora el grupo: se estima que la capacidad instalada supera las 4.000 cabezas diarias, con una proyección que podría rozar las 680.000 cabezas anuales si el mercado internacional acompaña. Esto los sienta en la misma mesa chica donde operan gigantes como Swift o Coto, pero con una diferencia sustancial: el capital es 100% nacional y familiar.
Una fórmula integrada
Para comprender la magnitud de este salto, hay que mirar la película completa. El Grupo Lequio no es un recién llegado, pero su aceleración en la última década ha sido vertiginosa. Cimentaron su base con Frigorífico Alberdi (Entre Ríos) y Carnes Pampeanas (La Pampa), dos buques insignia que les permitieron ganar terreno en la Cuota Hilton y en los exigentes mercados asiáticos. Luego sumaron el frigorífico Hughes, consolidando un triángulo productivo en la zona núcleo.
El modelo de negocios de los Lequio tiene una particularidad: la obsesión por la integración vertical. No se limitaron a la faena. Desarrollaron Estancia Del Mojón, un feedlot en La Pampa con capacidad para miles de cabezas que funciona como reaseguro de calidad y trazabilidad. Y, en el otro extremo de la cadena, patearon el tablero del retail con Al Fuego, su cadena de tiendas de carne premium y grill house que ya tiene presencia en Rosario, Buenos Aires y Madrid. Esta pata comercial les permite defender el margen y construir marca propia, algo poco frecuente en los frigoríficos tradicionales que suelen morir en el commodity.
Conducir también implica saber cuándo soltar lastre. En mayo, poco antes de concretar la mega-operación en Santa Fe, el grupo decidió desinvertir en Uruguay, vendiendo su participación en el Frigorífico Florida. La planta uruguaya, adquirida en 2022 con una inversión cercana a los u$s 8 M, nunca logró reactivarse a pleno. “Fue una decisión estratégica para concentrar recursos y energía donde realmente somos fuertes: en la recuperación de la industria nacional”, dejaron trascender.
En declaraciones efectuadas en agosto, Leonardo Lequio fue tajante sobre las necesidades del sector: “Necesitamos cambios fiscales, mejores tasas para invertir y sostener un tipo de cambio competitivo. Con estas tasas no se puede pensar en crecimiento orgánico, por eso nuestra apuesta es una toma de posición a futuro”.
Sus palabras resuenan con la lógica de la adquisición de Mattievich: no se compró por la rentabilidad de la foto de hoy, sino por el valor de la película de mañana. La apuesta es que, cuando el ciclo ganadero se revierta y el mundo vuelva a traccionar con fuerza, el grupo Lequio tendrá la estructura lista para responder. El reciente acuerdo comercial con los EEUU abona en esa dirección.
El desafío de la eficiencia
Hacia adelante, el desafío es homogeneizar culturas de trabajo de más de 2.500 empleados y modernizar líneas de producción que, en algunos casos, requieren actualización tecnológica. El 2026 asoma como el año de la “digestión” de esta gran compra.
La estrategia se centrará en maximizar la eficiencia de la nueva planta de subproductos (rendering), un negocio que suele pasar desapercibido, pero que es vital para la rentabilidad final del ciclo. Además, la empresa busca potenciar la sinergia entre sus plantas exportadoras (Hughes, Alberdi, Pampeanas) y las nuevas unidades de consumo interno, logrando un mix comercial que les permita surfear la volatilidad de los precios internacionales.
TOP 10 EMPRESAS
Tras la compra de Mattievich pasó a controlar más de 10 plantas, 2.500 empleados y una capacidad de faena instalada que supera las 4.000 cabezas diarias.